Las mujeres de la ría se hacen visibles

Con «Darlle a volta ao mar», Foro Voz pone en primer término el trabajo femenino en el sector

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cambados / la voz

Son muchas. Un auténtico ejército silencioso cuyo trabajo, duro en algunas ocasiones, minucioso en otras, sostiene uno de los motores más potentes de la economía gallega. Son las mujeres del mar, una fuerza que durante años ha sido invisible pero que, ahora, se empeña en romper esa capa que las oculta, que las ignora, que les resta valor. La Voz de Galicia y el Concello de Cambados han querido reflexionar sobre esa búsqueda de la igualdad que también se ha iniciado en el mar. El viaje, que comenzó hace unos años, tiene aún un largo recorrido antes de alcanzar puerto. De la sociedad depende imprimirle más o menos velocidad a un proceso que, en todo caso, las mujeres queremos imparable.

La mujer siempre ha desarrollado un papel fundamental en los sectores primarios. Tanto en el campo como en el mar, en aquellos tiempos en los que la vida era dura y fría, ellas arrimaban el hombro sin titubeos. Trabajaban en las primeras bateas como el mismo ímpetu con el que labraban las fincas. Iban a la seca con la misma determinación con la que atendían a los animales en casa. Sin embargo, ese trabajo duro siempre ha estado oculto. Aunque, en los años noventa, las cosas comenzaron a cambiar.

Hubo que esperar a la última década del siglo XX para que las mujeres del mar empezasen a escapar de la niebla que las envolvía. Entonces, surgió en Galicia el primer intento por organizar el marisqueo a pie, una actividad en la que ellas eran -y siguen siendo- abrumadora mayoría. Veamos, para comprobarlo, los datos de la Xunta de Galicia referidos a los pérmex. Hay 3.797 profesionales del sector de a pie. De ellos, 2.807 son mujeres, frente a 990 hombres. Veamos los datos de la zona sur de Arousa, nuestro referente más próximo. En Cambados, la localidad anfitriona, hay 195 mujeres mariscadoras y once hombres. Uno de ellos, Roberto Piñeiro, compartió ayer con los asistentes al Foro Voz sus experiencias trabajando en un ámbito tan feminizado, al que llegó empujado por la crisis. Sigamos por Vilanova, cuya patrona mayor también tomó ayer la palabra: hay 208 mujeres por 24 varones. En A Illa, los datos se agudizan: 208 frente a cuatro. En Carril y O Grove las distancias entre sexos, aún siendo enormes, parecen serlo menos: 71 a catorce en Carril, 334 a 88 en la península meca.

El marisqueo a pie, explica la profesora María Álvarez Lires, forma probablemente la avanzadilla del proceso de empoderamiento de la mujer en el mar. Demuestra que el camino del asociacionismo y la formación permite que el trabajo femenino reluzca, que las mujeres tomen decisiones y lleven las riendas de su actividad. Es eso, precisamente, lo que falta en otros sectores del mar en los que, pese a no parecerlo, también hay mujeres. Es el caso de las bateeiras, representadas en el mesa de trabajo de ayer por Teresa Otero, de A Illa. Según el informe Ocupesca, construido sobre datos del 2015, las bateas generan un 20,64 % de trabajo femenino. Es un porcentaje claramente inferior al del marisqueo y, también, al de los parques de cultivo, donde la presencia femenina alcanza un 39,75 % del total.

¿Y si hablamos de pesca? Volvemos a los datos de Ocupesca para descubrir que «a presenza da muller como tripulante de buques de pesca concéntrase principalmente no caladoiro nacional, onde a muller supón o 5,54% dos tripulantes, fronte ao 0,41% dos buques que pescan en pesqueiras comunitarias e idéntica porcentaxe no caso dos buques das pesqueiras internacionais». Ese mismo documento indica que «no caladoiro nacional se aprecian importantes diferenzas nesa presenza da muller nas tripulacións, pois mentres supoñen o 7,94% dos tripulantes nas artes menores e, de xeito máis secundario, o 3,23% dos tripulantes en buques que practican o palangre de fondo, non acadan nin o 1% nas demais artes».

Donde son muchas, muchísimas, las mujeres, es en ámbitos que no se ven, aunque se presienten. El trabajo femenino es crucial en la producción y reparación de redes, o en el trabajo en las conserveras. Son oficios en los que nadie repara, pero sin los que no se podría sostener el sector, tanto la flota como las conserveras. Cuando las mujeres del mar tomen conciencia de que su trabajo es «vital para a supervivencia do sector», en palabra de Álvarez Listes, que sin mariscadoras no hay marisco que enlatar, y sin operarias de fábrica el producto no puede llegar al lineal del supermercado, el velo de invisibilidad que las cubre caerá. Para siempre.

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