La lucha por conservar la cultura marítima cumple 25 años

Culturmar llevará sus barcos a Santiago y prepara unas jornadas en el Museo do Pobo Galego con motivo de las bodas de plata

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vilagarcía / la voz

En 1993 nació con un puñado de barcos, hoy reúne a trescientas embarcaciones vinculadas a cuarenta y una asociaciones de toda Galicia. Es la Federación pola Cultura Marítima e Fluvial de Galicia, Culturmar, y está de aniversario. Suma ya veinticinco años dando la batalla para que el patrimonio material e inmaterial de las rías no se hunda definitivamente. Y no solo ha conseguido mantenerlo a flote sino que navega viento en popa.

Hacía muchos años que no se veían dornas en la ría de Arousa. Hoy pocos se sorprenden al ver los paños izados cuando cruzan el puente de A Illa, no en vano es allí, en el municipio insular, donde se encuentra el bastión de la navegación tradicional de Galicia. Arousa marcó tendencia y fue escuela para muchos navegantes de las rías de Pontevedra, Vigo, Muros y Ferrol.

Así fue creciendo una federación que nació por y para la cultura marítima y que cada verano organiza una veintena de regatas y encuentros por toda la costa gallega. La temporada ya está iniciada y esta semana y ayer celebró una cita clásica: la Volta a Arousa, que cumplió su 34 edición.

A finales del verano, cuando llegue el momento de subir los barcos a tierra, la federación se irá a Santiago. Del 29 de septiembre al 6 de octubre convertirá la plaza del Obradoiro en una marina tradicional en seco para que los peregrinos y turistas que visitan la catedral descubran otras joyas que tiene también Galicia: su flota tradicional. El primer fin de semana de octubre, la actividad se desplaza bajo techo, al Museo do Pobo Galego, donde se celebrará un acto solemne y unas jornadas sobre las perspectivas de futuro y las necesidades de la cultura marítima. Está prevista, también, la edición de una unidad didáctica para escolares, una publicación sobre el patrimonio marítimo y un número especial de la revista Ardentía.

Será un momento propicio para hacer balance. En este cuarto siglo de travesía se ha conseguido aumentar de forma notable el patrimonio flotante y el número de personas comprometidas con esta causa, pero todavía quedan objetivos por cumplir, según apunta el presidente de la federación, Manuel García Sendón.

Museos flotantes

El que más les urge y ocupa es la consecución de una red de marinas tradicionales, es decir, puertos específicos para las embarcaciones de madera que actúen como museos vivos que sirvan de escaparate de la cultura marítima gallega.

La Xunta está trabajando en una normativa que dé amparo a esta modelo portuario y se va a poner en marcha un proyecto, financiado con fondos europeos a través del GALP de Muros-Noia, para evaluar la viabilidad de esa iniciativa. Quizá sea el empujó definitivo.

El referente está en Bouzas (Vigo), donde en 2008 se puso en marcha el primer puerto de España para barcos tradicionales. En Combarro (Poio) hay un pequeño pantalán que hace las veces de museo flotante, pero, más allá de estos dos casos, todos son proyectos. Cuatro en la ría de Arousa -en A Illa, Cambados, O Grove y Ribeira- y otros en Muros y en Sada.

Fernando Piñeiro ha seguido desde muy cerca el proceso de recuperación de la cultura marítima en Galicia. Como presidente de la federación o como patrón en su dorna Fungona, este cambadés se ha mojado a la hora de reivindicar el patrimonio de las rías, y sigue en ello. Su última arribada fue en Pasaia (Guipúzcoa), en la que dan en llamar quinta provincia gallega, con motivo de un festival de navegación al que Galicia asistió como invitada de honor.

No es casual. Culturmar ha marcado el camino a muchas asociaciones, no solo en Galicia, también en el resto de España. «Os cataláns seguiron o noso modelo e os vascos, aínda que teñen un sistema diferente, tamén colaboran con nós», explica.

La federación gallega jugó muchas veces en primera división; en el año 2008 estuvo en los encuentros de Brest, navegando con franceses, noruegos y vietnamitas, antes ya había estado en Douarnenez y con mucha más asiduidad, en Portugal, país con el que mantiene estrechos lazos por afinidades culturales y por proximidad.

Piñeiro alude con nostalgia a aquel proyecto de crear una Confederación Ibérica por la Cultura Marítima y Fluvial, que finalmente no cuajó, pero a la hora de echar la vista atrás considera que hay muchos motivos para sentirse satisfechos del trabajo hecho. «Avanzouse moito na conciencia social, dignificouse a presenza da cultura mariñeira. No ano 2000, era distinto, Galicia tiña recursos, pero non se valoraban. Hoxe non pasa», reflexiona.

Cuando Fernando y Xaquín López pusieron en marcha el Club Mariño Salnés en su Cambados natal, la navegación en dorna era cosa de viejos y a extinguir. Hoy, hay una asociación que agrupa a tres colectivos y una nueva generación dispuesta a pasarse las tardes pintando las quillas, veleando o remando.

 Fernando Piñeiro: «Avanzouse na conciencia social, Galicia tiña recursos, pero non se valoraban» 

Piñeiro ya no tira de la escota, pero sigue cuidando su dorna como el primer día. Ya se sabe, los barcos, para sus dueños, son casi como hijos. Ahora está más centrado en la pesca, su otra pasión, que le permite oler todas las semanas ese mar que le da la vida.

Aunque su cuna no es mariñeira y su oficio nada tiene que ver con la mar -es gestor de empresas-, su pasado y su presente están salpicados de salitre. Con catorce años ya tenía el carné de mariscador y cuando vivía en Santiago suspiraba por escaparse a Carril «para cheirar o mar». También le gusta comer de él el pescado recién salido de la ría, aunque de forma respetuosa, porque se ha prohibido llevar al cesto pezqueñines o reproductores.

Con la caña o a vela, para Fernando no hay duda. Pocas cosas llenan tanto como una jornada de mar.

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