Un horizonte envuelto en incertidumbres

La crisis de las pensiones y las necesidades de los jubilados centraron anoche el Foro Voz


vilagarcía / la voz

Galicia es un país envejecido. La base de la pirámide de población lleva años adelgazando sin que hayamos sido capaces ni de encontrar un antídoto, ni de articular mecanismos para adaptar los servicios y las prestaciones a las necesidades de ese grupo creciente que forman los mayores de 65 años. Galicia es un país envejecido que lleva, además, demasiados años mirándose en el espejo sin ser capaz de asumir los cambios que ha experimentado su sociedad. De todo ello se habló ayer en Vilagarcía. A las ocho y media de la tarde, en el Salón García, arrancó el Foro Voz de Arousa titulado «A encrucillada da Terceira Idade, o futuro que nos agarda». El economista Albino Prada, la trabajadora social Julia Souto, el sindicalista Paco Cuba y la concejala de Servizos Sociais de Vilagarcía, Tania García, desgranaron algunos de los retos a los que debemos hacer frente, y cuanto antes.

Estaba claro cuál iba a ser el eje central del debate. Este año hemos asistido a la «rebelión de los abuelos». Miles de jubilados han salido a las calles, una y otra y otra vez, para reclamar unas pensiones dignas de tal nombre. Ellos, que durante los años más duros de la crisis fueron el asidero de sus familias, siguen condenados a convivir con las estrecheces. Baste, como muestra, un dato: el promedio de las pensiones contributivas que perciben los jubilados arousanos ronda los 800 euros mensuales; son unos 82 euros menos que la media gallega.

La parquedad de las pensiones presentes y las dudas que se han sembrado desde el propio Gobierno sobre la viabilidad de las del futuro, han aupado este asunto al quinto puesto en la lista de problemas que más quitan el sueño a los españoles. Y de ello fue fiel reflejo el foro de ayer. De pensiones habló Paco Cuba, de la Federación de Pensionistas de CC.OO., y habló también el economista Albino Prada.

Ambos coincidieron en la necesidad de que la Seguridad Social deje de ser una suerte de pagador universal del que el Estado pueda echar mano cuando le haga falta. «Desde ya deberían cubrirse con cargo a impuestos todos los pagos actuales de la Seguridad Social que no sean pensiones contributivas», reflexiona Albino Prada. Ese no sería el único cambio necesario para garantizar el correcto funcionamiento del sistema, al que los pensionistas han colaborado durante toda su vida laboral. Otra de las modificaciones reclamadas ayer, desde Vilagarcía, fue la eliminación de los topes de cotización. En estos momentos, en España, quienes perciben un salario por encima de los 45.000 euros anuales no cotizan por todos sus ingresos, mientras que quienes tienen sueldos más bajos sí lo hacen. Bélgica, Holanda y Reino Unido carecen de esos topes, «cotízase polo que se cobra», explicaba Paco Cuba. Luxemburgo, Italia o Alemania sí que tienen un techo de cotización, pero «son do dobre do noso», argumenta el portavoz de la Federación de Pensionistas de Comisiones Obreras.

Hasta ahí, la lección teórica, analítica. Julia Souto, trabajadora social en A Illa, puso la nota humana a este discurso. La de las cifras irrisorias que perciben a final de mes las jubiladas del mar. La de los ancianos que no tienen alternativa a vivir solos: «Unha praza nunha residencia privada custa 1.700 euros. ¿Quen paga iso cunha pensión de 500 euros de viuvez?», se pregunta una mujer que sabe bien de lo que habla. Por eso, en Vilagarcía, donde viven sin compañía 1.639 ancianos, son tan importantes los servicios como el de ayuda en el hogar, el Xantar na Casa, el de teleasistencia. Pero ni siquiera estos programas llegan a todos lados.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Un horizonte envuelto en incertidumbres