Las pedidas de mano submarinas se ponen de moda en las aguas arousanas

Belén y Francisco se sumaron ayer a una original moda que comenzó una pareja de submarinistas portugueses


vilagarcía / la voz

Joao Castro y Daniela Ribeiro son de Braga y apasionados del buceo. Hace tres años decidieron que una de sus excursiones veraniegas tenía que tener la ría de Arousa como objetivo. Lo que no sabía Daniela era lo que le preparaba Joao. Y lo que le preparó fue la mayor sorpresa de su vida. Una declaración a la vera del pecio «Aries», una de las joyas que guardan las aguas arousanas.

Joao y Daniela abrieron una estela que ayer siguieron Belén y Francisco porque las pedidas de moda submarinas se están poniendo de moda. Es verdad que no se imagina mejor escenario que el fondo del mar para un momento tan solemne. Los protagonistas de ayer fueron en este caso dos vilagarcianos, pero el testigo fue el mismo. Ángel Romero, de Náutica Medusa, ejerció de cicerone y aboga porque la moda se imponga definitivamente.

Los hechos discurrieron de una forma muy parecida. Belén era la única que no tenía ni idea de dónde se iba a meter una vez se vistió con el traje de submarinista. A pesar de que lleva en el mundo de la pesca submarina desde los trece años, siguiendo los pasos de su padre Agustín, nunca había hecho una inmersión con botella. Acudió engañada pensando que iba a presenciar en directo una suelta de lubrigantes porque su prometido está estudiando en el Igafa de A Illa.

A ella, subcampeona gallega de la especialidad, le encanta ese mundo pero ni en sus mejores sueños podía pensar que donde esperaba ver un pequeño bogavante le iba a aparecer un anillo de pedida. Lo cierto es que Francisco se trabajó muy bien el atrezzo porque al anillo lo había guardado dentro de la concha de una almeja. No se ahogó Belén de milagro con la impresión. Un par de horas después aseguraba que todavía le temblaban las piernas. «Me llamó por la mañana y me dijo que le llevara una toalla y papel porque se le había mojado el coche, pero nunca pensé que iba a hacer algo así», confiesa la feliz prometida.

Lo más curioso de toda la historia de Belén y Francisco es que fue el propio padre de Belén quien ejerció de improvisada celestina. Sucedió en un campeonato de pesca submarina, cuando estuvieron seis horas en una zódiac de la organización Belén, Agustín y Francisco. Fue el flechazo sobre las olas del mar; la consolidación del mismo llegó unas meses después bajo las aguas arousanas. El decorado no le tiene nada que envidiar, ni mucho menos, a cualquier capilla de Las Vegas.

«Pensé que iba a ver una suelta de lubrigantes y me dieron un anillo de compromiso»

 

a.g.

Ni en sus mejores sueños se podía esperar Belén Díaz que un martes de enero un suceso tan extraordinario iba a cambiar su vida. «Aún me tiemblan las piernas», confesaba al mediodía de ayer.

-¿Esperaba algo así?

-No, no me lo esperaba. Fui totalmente engañada. Mi novio estudia en el Igafa y me dijo que había una jornada de puertas abiertas, que íbamos a ir a la playa a soltar unos lubrigantes.

-Y a partir de ahí, ¿qué pasó?

-Cuando llegamos a la playa ya estaba allí Ángel (Romero, de Náutica Medusa) y me dijo ‘ponte el traje, que nos vamos para el agua’. Yo estaba un poco nerviosa porque era mi primera experiencia de buceo con botella. No era capaz ni de controlar el regulador.

-Y cuando estaban bajo las aguas, llegó la sorpresa...

-Sí, de repente sacó del traje una concha de una almeja y cuando la abrió tenía dentro el anillo.

-¿Había ya planes de boda?

-La verdad es que ya lo habíamos hablado, pero fue toda una sorpresa.

-¿Qué le dijeron sus padres cuando se enteraron?

-Ya lo sabían, En realidad lo sabía todo el mundo menos yo. Mi madre me dijo después: ‘Lógicamente, no te íbamos a decir nada’.

-El mundo del submarinismo no es nuevo para usted...

-No. Llevo en él desde los trece años. De hecho, el año pasado fui subcampeona gallega de pesca submarina. Aunque, bueno, solamente participamos dos chicas (risas).

-¿Cómo conoció a Francisco?

-En un campeonato de pesca submarina. Yo iba como enfermera y él como buzo. Estuvimos seis horas en una zódiac con mi padre.

-Y la respuesta a la pedida supongo que habrá sido que sí...

-Sí, claro.

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