Arousa sigue sin la senda verde por la costa que propuso la Mancomunidade hace tres lustros

La Ruta del Padre Sarmiento articula la red de caminos existentes, pero no logra evitar el asfalto ni los coches


vilagarcía / la voz

La senda verde que pudo haber sido sigue sin serlo. Hace dieciséis años, la Mancomunidade do Salnés propuso un ambicioso proyecto que consistía en crear una red de senderos, unidos entre sí, que articulara la comarca siguiendo la línea de la costa. La idea era que un peatón o un ciclista pudiera hacer este recorrido, desde Vilagarcía a O Grove, sin cruzarse con un coche y con vistas a la ría.

Hoy, tres lustros después, hacer este viaje solo es posible en parte. Aquel proyecto, que nació con las bendiciones del Ministerio de Medio Ambiente y la Xunta de Galicia y se presupuestó en 9 millones de euros, se frustró, pero eso no impidió que los concellos fueran construyendo, cada uno por su cuenta, su propia red de sendas echando mano de la subvención de turno. Todas las administraciones aportaron algo. Cuando no fue la Xunta, lo hizo Costas o las obras se ejecutaron con cargo a fondos de la Diputación y de Europa. El resultado es que hoy en día se puede recorrer un amplio tramo de costa sin pisar el asfalto, pero falta comunicar los senderos entre sí.

La mancomunidad tuvo hace un par de años la feliz idea de crear un camino por la costa aprovechando los tramos ya construidos, que dio en llamar Ruta del Padre Sarmiento, utilizando como excusa el itinerario que recorrió el religioso en el año 1745 en su peregrinación hacia Santiago de Compostela.

La ruta abarca 190 kilómetros, recorre todo el litoral de O Salnés y se adentra río arriba hacia Padrón. Esta concebida para ser efectuada en nueve etapas a razón de cinco horas por día y está considerada de dificultad baja.

La ventaja que ofrece esta ruta es que facilita al caminante un recorrido ordenado y fácil de seguir, pero no es capaz de mantenerse pegado a la línea de costa de principio a fin. Allí donde no hay un sendero, se desvía tierra adentro, hacia las carreteras -en ocasiones vías principales como son la PO-548 y PO-549-, lo cual le resta encanto desde el punto de vista paisajístico.

Bajo la presidencia de Gonzalo Durán, la mancomunidad mantiene su apuesta por rellenar estos huecos, pero la pelota está ahora en el tejado de cada concello. En el suyo, en Vilanova, están volcados en este objetivo, pero todavía hay asignaturas pendientes. Se trata de la conexión con Cambados, a través de Rego do Alcalde, y la conexión con Vilagarcía, a la altura de O Rial.

Los caminos costeros se interrumpen, también, en Meaño y en Vilalonga (Sanxenxo), donde la existencia de fábricas en Fianteira y Arnosa obligan a abandonar las bonitas sendas que bordean la ensenada del Umia-O Grove desde Os Pasales a A Revolta. También hay que desviarse hacia pistas de asfalto en Dena y en Castrelo. Hay otros puntos negros. O Grove cuenta con una amplia red de senderos, paseos y caminos que permiten circundar la península a un paso del mar, pero la punta de Cantodorxo sigue siendo un territorio vedado al caminante y al ciclista.

Vilagarcía también tiene carencias. Al paseo que une Vilaxoán con Carril le falta darle continuidad por el flanco sur, hacia As Sinas (Vilanova), y hacia el norte, entre Bamio y Catoira. Cambados también ha hecho un esfuerzo notable a la hora de dotarse de senderos naturales y de paseos marítimos. Lo ha conseguido en el centro urbano y en la parroquia de Castrelo, pero todavía le faltan tramos en la desembocadura del Umia y en Corvillón. A Illa es el único municipio que ha conseguido cerrar el circuito de manera que los amantes del senderismo pueden bordear prácticamente toda la isla sin perder de vista el mar.

Fuera de los límites de O Salnés, hacia tierras del Ulla, la situación es dispar. Mientras que Catoira sí dispone de un importante tramo de senderos de madera y de tierra en el entorno de las Torres de Oeste, en Valga apenas existe un itinerario a orillas del río, salvo el que marcan los caminos tradicionales que conducen a las fincas.

En su día llegó a plantearse la posibilidad de aprovechar el eje que marca la vía del tren -que avanza paralela al río desde Pontecesures a Carril- como hilo conductor para diseñar una senda peatonal, pero el tren sigue circulando y aquel proyecto se frustró.

Aquella senda verde que se dibujó en el año 2001 quedó en papel mojado, pero el avance que experimentó desde entonces la comarca en materia de rutas de senderismo es incuestionable. Se abrieron caminos por la costa y también por el interior. Valgan como ejemplos la Ruta da Pedra e da Auga, la del Umia, la de los molinos de Meaño, la del río Valga o la vía verde que recorrerá los municipios de Vilagarcía, Portas y Caldas. La demanda y el interés por el senderismo y el turismo activo ha crecido en los últimos tiempos, y O Salnés no quiere perder este tren, aunque sea por la vía lenta.

A falta de un proyecto común, cada concello asume sus tramos respectivos

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