El club de los traductores universales

Trabajan en BATA y dedican horas libres a pasar a pictogramas desde cuentos hasta señalizaciones de edificios públicos


vilagarcía / la voz

Busquen bien en su librería de referencia. En la estantería de literatura infantil puede que se encuentren con el libro del que le vamos a hablar, uno de esos libros bonitos pensados por Kalandraka para hacer más grande el mundo de los niños. De todos los niños, porque Nicolás va a la biblioteca es un cuento de lectura universal. Los textos se han adaptado al lenguaje de pictogramas, un sistema de comunicación basado en dibujos, que permite que la historia sea leída por prácticamente todos. La traducción de esta y de otras aventuras de Nicolás es cosa de un grupo de voluntarios. Cinco trabajadores de BATA, una asociación que lleva muchos años mejorando la calidad de vida de las personas con trastornos del espectro autista, se ha encargado de hacer accesible el libro a casi todo el mundo.

Mónica, Marcial y Mario son tres de los cinco integrantes de este particular club. Faltan Cristina y Loli, pero sus compañeros reivindican sus nombres. Porque el suyo, dicen una y otra vez, es un trabajo en equipo. Y eso que, como sus horarios no siempre coinciden, el grueso de la operación se hace a golpe de correo electrónico. Pero para eso están las nuevas tecnologías, ¿no?.

Lo importante es que, sea viéndose las caras, sea a través de la pantalla de los ordenadores, han logrado sacar adelante un nuevo proyecto. Tienen entre sus manos el último libro de Kalandraka y reconocen que les resulta emocionante poder pasar sus hojas y ver el fruto de varios meses de trabajo. Y es que el proceso de creación de un cuento accesible es largo. «Primero la editorial nos plantea el tema y unas primeras ideas, para ver si el cuento puede resultar útil», narra Mónica, que hace las funciones de coordinadora. A partir de ahí, se produce un ir y venir de propuestas, contrapropuestas, sugerencias, correcciones y mucho, pero mucho, trabajo creativo. Todo ha de pasar el filtro de los usuarios de BATA, con los que se comprueba que la traducción a pictogramas funciona. El proceso es laborioso, ya ven. «Costó hacerlo. Ya bromeábamos con que el título es Nicolás va a la biblioteca, pero con tantas idas y venidas habría tenido tiempo de ir hasta la luna», narra Mario.

El y sus compañeros ya van cogiendo experiencia en esto de trabajar con una editorial. La alianza surgió de forma natural. «En BATA trabajamos con personas con trastornos del espectro autista, así que en nuestro día a día hacemos mucho esa traducción de las cosas a imágenes», explican. Hace trece años, ¡se dice pronto!, presentaron algunas de las fichas de consumo interno a la editorial. «Ya teníamos algunos cuentos adaptados al lenguaje de pictogramas y se los enseñamos». Así nació una colaboración que se ha sostenido en el tiempo. «Empezamos adaptando cuentos tradicionales. A ratiña presumida, O coelliño branco...». Y desde hace un tiempo, los cuentos «de fácil lectura» tienen una colección propia, Makakiños, en la que Nicolás se empeña en «romper las barreras de la incomunicación», según escribe la editorial en las tapas del cuento. Nicolás va de compras, o Nicolás cocina sin fuego fueron las dos primeras entregas de esta colección, ilustrada por la pontevedresa Alicia Suárez.

Pero no se crean que únicamente de cuentos vive este club de traductores universales. Su labor va mucho más allá. Hacen el trabajo de forma solidaria. Cada uno de los pictogramas que salen de sus manos son un paso más hacia un mundo mejor.

En este equipo hay sitio para psicólogos, educadores e integradores sociales

Desde hace años mantienen un acuerdo de colaboración con Kalandraka

Adaptan tanto cartas de bares como recintos para festivales de rock

El trabajo de traducción que realiza este equipo, que le echa a esto horas de sus vacaciones y de sus días libres, llega a numerosos ámbitos. Normalmente son ellos los que se dirigen a las entidades públicas para proponerles señalizar con pictogramas distintos espacios. Pero a veces son otros los que llaman a su puerta para pedir ayuda. Así que a este equipo se le debe la señalización con pictogramas del Concello de Vilagarcía, de la casa de cultura y hasta de las playas. También han señalizado espacios públicos de A Illa y Cambados, dos municipios «pioneros en esto». El CLB le ha pedido ayuda para señalizar los pabellones deportivos de Vilagarcía, y en ello andan. También han pasado el trabajo de traducir las cartas de los bares de la capital arousana, aunque el proyecto, impulsado inicialmente por Aithuvi, está ahora parado. Y hasta se van de conciertos: este año han colaborado con la señalización del RockinVila, el festival de rock de Vilanova de Arousa.

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