El bosque que los vecinos soñaron en A Illa

Más de medio centenar de personas se dieron cita en la zona de Niño do Corvo


A base de carballos, loureiros y sobreiras, A Illa está esculpiendo un hermoso bosque atlántico a la orilla del mar. Ayer, más de medio centenar de personas -la mayoría vecinos de esta localidad irreductible y brava, otros llegados desde el continente, como dirían los anfitriones- se dieron cita en la zona de Niño do Corvo para continuar con ese trabajo de escultura natural y verde, frondosa y terrenal, que hace años emprendió la localidad. El Concello, el instituto -a través del proyecto Illa Natura- y la asociación Gaia conjugaron sus esfuerzos para movilizar a un pequeño ejército que, a golpe de pico y pala, abrió los huecos en los que iban a acomodarse hasta sesenta árboles de especies autóctonas. ¿La intención? Que todos ellos echen raíces. Que todos sean capaces de encontrar su sitio en la fértil Illa de Arousa. Y que dentro de unos años formen un bosque en el que los vecinos puedan, ¿por qué no?, celebrar el San Ramón.

La idea la esbozaba ayer, entre risas, la concejala de Medio Ambiente de A Illa, Gabriel Freiin. A duras penas podía contener la emoción tras comprobar el éxito de la convocatoria lanzada desde su departamento. Y no solo porque hubiesen acudido muchos más voluntarios de lo que cabría esperar, si no por la disposición que todos mostraron a la hora de doblar la espalda y trabajar. «En quince minutos estaba todo feito», señalaba Gabriel.

El futuro está aquí

Aún había otro elemento que hacía que a la concejala la sonrisa no se le fuese de los labios. Muchos de los participantes en esta experiencia eran rapaces del instituto de A Illa. La mayoría habían llegado al monte montados en sus bicicletas. «Hai polo menos vinte aquí», decía la concejala, firme defensora de este medio de transporte que desde el instituto se está intentando promover como la mejor manera de moverse por una localidad como la isleña. Con los árboles echando ya raíces en su nuevo hogar, con el bosque soñado por los vecinos creciendo, llegaba la hora de que el ejército verde se retirase. Pero no andará muy lejos.

Dispuestos a trabajar. Eran de A Illa, pero también había gente llegada de fuera. El ejército que tomó la parcela situada en las inmediaciones del Igafa realizó los trabajos de plantación en un abrir y cerrar de ojos. En los rostros de casi todos los participantes se reflejaba el orgullo por el trabajo bien hecho, el bienestar que provoca la conciencia tranquila y la certeza de que se acaba de hacer, definitivamente, el bien.

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