Dos maestras de vida gemela que dicen adiós

Estudiaron juntas, sacaron la oposición a la vez, fueron a dar clase en barco y ayer se jubilaron


VILAGARCÍa / la voz

En el colegio de A Illa de Arousa, ayer, una profesora vivía su último día entre niños. Pensarán que eso, en realidad, les pasaba a muchos maestros y en todos los centros, porque empiezan las vacaciones de verano. Pero no. Anuncia Dorgambide se va de verdad; se jubila tras 38 años de docente. En Moraña, en el centro público Santa Lucía, pasaba lo mismo con Loli Lorenzo, que también dice adiós a la escuela después de 39 años entre pupitres. Al hablar con ellas, a las dos se le nota la emoción, los nervios... Hasta ahí, todo parece normal, es lógico que los mismos sentimientos las invadan teniendo en cuenta que dejan atrás mucho más que una forma de ganarse la vida. «Son nuestros niños», se les oye decir a las dos cuando hablan de las generaciones que pasaron por sus clases. La sorpresa surge cuando ambas empiezan a desgranar su historia... Cuentan casi lo mismo. ¿Qué ocurre? Que son amigas y tuvieron una vida académica bien paralela. Les pasaron cosas que las acabaron uniendo para siempre.

Todo empezó en Pontevedra. Anuncia era de Vilanova, hija de maestros y nieta también de un profesor. Y Loli de Moraña. Las dos acudieron a la capital de la provincia para estudiar Magisterio. Fue ahí donde se conocieron. Pero acabaron los estudios y acabaron perdiendo la pista una de la otra. Pese a la distancia, seguían teniendo vidas muy parecidas: las dos aprobaron a la primera las oposiciones y con 21 años ya tenían alumnos a su cargo. Les tocó pasar unos años carretera arriba y abajo, dando clases en distintos colegios. Anuncia empezó en Corón, en Vilanova. Y luego se fue también a otra parroquia, a San Miguel de Deiro. Dice que vivió cosas que ahora serían imposibles. «Por ejemplo, estuvimos meses dando clases en un garaje porque el cole nuevo no estaba listo», señala. Mientras, Loli pasó por los colegios de Valga y Espedregueira -en su municipio, Moraña-. Pero en 1984, siete años después de haber acabado la carrera, la vida las volvió a unir. Y de qué manera.

Cuentan ellas que no había demasiados profesores a los que le sedujera la idea de ir a dar clase a A Illa. Anuncia cree que lo que echaba para atrás a muchos compañeros «era tener que coger la motora todos los días para cruzar hasta la isla, porque todavía quedaba un año para que se inaugurara el puente». Loli cree que también influía que «el colegio, de forma muy inmerecida, no tenía la mejor fama. Y en cambio aquello era maravilloso».

Ellas sí decidieron montar en barco todos los días para dar clases. Iban a venían a diario en la motora, con su muda para los días de mala mar o chaparrones.

 

Daban clases juntas, comían juntas... Cuentan las dos, con distintas palabras pero con el mismo sentimiento, que los profesores del colegio «hacíamos una piña enorme, éramos una familia». Las dos quedaron encantadas con la experiencia. Anuncia ya nunca quiso marcharse del colegio isleño, en el que tal día como ayer dejaba los pupitres para iniciar la jubilación. Se le venían a la cabeza decena de recuerdos. Se emocionaba al hablar de su último curso «porque fue maravilloso», la voz se le quebraba cuando recordaba a padres a los que dio clase y a los que ahora ve recogiendo a sus pequeños en el mismo cole. «Es ahí cuando te das cuenta de cómo pasa el tiempo», dice. Lo que no caduca con los años, señala Anuncia, es la inocencia de los pequeños, su espontaneidad... «Pasó mucho tiempo desde que empecé, pero no veo a los niños tan distintos, siempre me parecieron encantadores y las nuevas generaciones, por supuesto, también. Los padres sí que cambiaron más, quizás prefería a los de antes. Pero dialogando todo se soluciona», reconoce Anuncia. Anuncia, porque ella, por mucho que empezase en la enseñanza hace cuarenta años, nunca fue doña Anuncia. «Para nada, doña Anuncia era mi madre, yo no».

Sus nuevas vidas

Loli, sin embargo, sí se marchó de A Illa. Lo hizo para irse a su municipio, Moraña, donde ayer se jubilaba. Sus alumnos, de segundo de la ESO, le dieron una sorpresa y la hicieron feliz: «Me escribieron unas cosas preciosas, con una redacción muy buena. Y yo que soy la profe de Lengua, claro, me emocioné mucho... Ves que lo que tú enseñas vale, y eso es increíble». Loli también repasaba ayer recuerdos, como si trayéndolos a la mente se los llevase para siempre a su casa: «Me acuerdo de cuando era Navidad o Carnavales y, antiguamente, las profesoras pasábamos horas y horas cosiendo y pegando trajes. No nos importaba echar horas y horas y venir por las tardes... Todo era muy familiar y cercano».

Anuncia y Loli se van porque quieren. La primera para dejar de tener horarios. Y a la segunda para viajar. Pero las dos tienen una idéntica meta: «Disfrutar mucho ahora que nos encontramos bien de salud». Que así sea.

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