El Momo de la generación perdida y otras curiosidades carnavalescas

La batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma hunde sus raíces en costumbres previas al Cristianismo


vilagarcía / la voz

O Salnés no es Laza ni por sus calles se pasearán en este fin de semana los peliqueiros, pero aún así, la comarca en particular y la ría en general se llenará de jolgorio en los próximos días, porque las Rías Baixas viven como pocos la tradicional batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma. Y con el permiso de los concellos que organizan concurso y disfraces, quienes lo disfrutan de forma más auténtica son los que se lo montan por su cuenta, al margen de programas oficiales, que se lo pregunte sino a los de A Illa y a quienes comparten con ellos los excesos del carnaval.

Pero todo tiene una razón de ser, y muchos de los que celebran el Sábado de Piñata o el Martes de Entroido desconocen de dónde viene la tradición más gamberra del año. Y lo cierto es que se trata de costumbres ancestrales que, como ocurre con otras, la Iglesia trató de hacer suyas para meterlas en cintura ante la imposibilidad de derrotarlas. Pero son mucho más antiguas; tanto, que en algunos casos ni siquiera está claro su origen.

El propio carnaval, por ejemplo, podría derivar de una tradición celta, pero también del culto al dios Baco o Dionisos. En todo caso, la fiesta celebra la despedida de los días más duros de invierno y recibe a la primavera. En su versión cristiana, es el adiós a la carne y a la diversión antes de la época de abstinencia y recogimiento que el calendario religioso hace coincidir con la Cuaresma.

Luego, cada comarca adaptó la fiesta a sus singularidades, y si bien Galicia es reconocida por el entroido de Ourense y otras zonas interiores de su geografía, también la costa lo vive a su manera. Lo más característico del carnaval en las villas marineras, por ejemplo, es el Enterro da Sardiña, del que hay numerosas muestras en la comarca, si bien destaca por mérito propio el de Vilaxoán, que reserva para entonces lo mejor de su querencia por el canto y por la crítica mordaz.

Coincidiendo con el Miércoles de Ceniza, es la despedida del carnaval, por eso, con la quema de ese pescado característico de la zona se quiere simbolizar, desde el punto de vista cristiano, el fin de los excesos carnavalescos como paso previo al ayuno de la Cuaresma. En su versión pagana, el Enterro de la Sardiña simboliza el fin de los males que aquejan a una sociedad y que fueron denunciados en los días de entroido; sobre todo en unas épocas en las que la crítica no estaba permitida fuera de esa época de catarsis colectiva.

El dios más irreverente

Pero si hay una fiesta curiosa en la comarca es el Momo de Vilanova. En realidad, se trata de una versión del Enterro da Sardiña en la que, en lugar de quemar todos los años al mismo pescado, se elige de cada vez un personaje que a entender de la organización merece acabar en la hoguera, como Monedero o Belén Esteban en los últimos años. Es difícil rastrear sus orígenes; no los del Momo en sí, sino su arraigo en Vilanova. Se trata de un dios griego que simboliza el sarcasmo, por eso era adorado por los escritores y poetas. En la antigüedad se representaba con una máscara o como un muñeco, y así se mantuvo a lo largo de los siglos. Hace unas décadas, en la ría era algo residual, pero una pandilla de amigos de Vilanova -algunos, como Gelucho de Vilamaior formaban parte de la llamada generación perdida- lo recuperó, y aunque en un principio era solo una juerga entre amigos, acabó arraigando e institucionalizándose. Cuando se hizo cargo el Concello cogió tal auge que se está convirtiendo en una de las citas más multitudinarias de los carnavales de las Rías Baixas, a pesar de que nunca se sabe cuándo se va a celebrar, porque como le dé por llover varios fines de semana seguidos, puede coincidir casi con la Semana Santa.

Otras tradiciones que apenas tenían arraigo en la comarca lo fueron ganando de año en año. El Xoves de Comadres, por ejemplo, muy celebrado en distintas zonas de Lugo pero que ya se hizo un hueco en O Salnés. Como la mayoría de las citas carnavalescas, tiene su origen en una antigua tradición pagana de la que ya se tiene constancia en tiempos de los romanos, cuando las mujeres casadas se reunían para honrar al dios Juno. Era la única vez al año en la que las mujeres tenían los mismos privilegios que los hombres en una sociedad eminentemente patriarcal. Esa libertad con tintes feministas caló bien en tierras gallegas, donde hasta hace nada la mujer también veía limitados sus movimientos; y como la fecha originaria era en torno a marzo, cuadró bien con el calendario de carnaval, y en la comarca ya es habitual que las mujeres se reúnan para celebrar a su manera esa jornada entre reivindicativa y catártica.

Y luego está la gastronomía; orellas y filloas son los platos típicos del entroido gallego, pero cada maestrillo tiene su librillo y para gustos, sabores. En todo caso, son días de excesos también culinarios; por lo tanto, que aproveche, que la dicha es breve.

la tradición del entroido en o salnés

Las mujeres disfrutaban el Xoves de Comadres de una libertad

que no tenían

Gelucho de Vilamaior, ya fallecido, colaboró en el resurgimiento del Momo

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