Vilagarcía, la ciudad que llegó a tener una butaca de cine por cada seis habitantes

abel ozores / r. e. VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

SERGIO SUEIRO

El historiador Manuel Villaronga compendia los 125 años del cinematógrafo en la capital arousana

04 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hubo un tiempo en el que ir al cine en Vilagarcía era mucho más que ver una película. Era vestirse para la ocasión, encontrarse con los amigos, comentar el estreno y dejarse llevar durante unas horas por historias que permitían escaparse de la rutina. Las salas cinematográficas fueron durante gran parte del siglo veinte uno de los principales motores de la vida social y cultural de la ciudad, un legado que todavía permanece en la memoria de quienes las conocieron.

Para recorrer esa historia nadie mejor que Manuel Villaronga. Investigador, divulgador y gran conocedor del pasado vilagarciano, ha dedicado años a rescatar epidosidos fundamentales de la memoria local. Con motivo del 125 aniversario de la llegada del cine a Vilagarcía, Villaronga repasa la evolución de un fenómeno que transformó el ocio de varias generaciones y que ayudó a construír la identidad cultural de la ciudad. De todo ello habló ayer en una charla incluida en los actos de la Semana de Cine de Ádega.

El cine, contó Villaronga, llegó a Vilagarcía en la primera semana de agosto de 1901. En sus inicios no era el espectáculo que conocemos hoy, sino una atracción más. Sin embargo, el público quedó fascinado desde el primer momento y pronto surgieron empresarios dispuestos a apostar por un negocio que no dejaría de crecer.

La evolución del cine en la ciudad estuvo marcada por distintas etapas. Tras un periodo previo de espectáculos visuales llegaron los años del cine mudo, con el Salón Varietés y el Salón Vilagarcía como grandes referentes. Tras la Guerra Civil se incorporó el Cine Arosa, consolidando una oferta cinematográfica que convirtió a Vilagarcía en un referente. «El cine era el espectáculo de masas por antonomasia», resume Villaronga. En la posguerra las salas se transformaron en auténticos centros de reunión. «No solo ibas a ver una película; ibas a ver y a ser visto», explica. Además de entretenimiento, el cine ofrecía una ventana hacia una realidad distinta, mostrando estilos de vida y aspiraciones que muchos espectadores solo podían imaginar.

El declive comenzó con la popularización del automóvil, la llegad de la televisión... Más tarde, los videoclubs, las cadenas privadas y las plataformas cambiaron para siempre los hábitos de ocio. «No desaparecieron los cines, cambió el modelo», reflexiona Villaronga. Aun así, el investigador considera que la memoria cinematográfica de Vilagarcía merece una mayor conservación y recuerda especialmente el papel del desaparecido Teatro Vilagarcía.

El mejor dato para entender la importancia del cine en la ciudad es el que aporta el propio Villaronga: en los últimos años de la República, Vilagarcía contaba con cuatro salas que sumaban cerca de 3.200 butacas, lo que equivalía a un asiento por cada seis habitantes. Una cifra extraordinaria que refleja hasta qué punto el cine formó parte del ADN cultural de la ciudad. Aquel entusiasmo sembró la semilla de iniciativas que todavía perduran, como el Cine Club Ádega o los certámenes cinematográficos que demuestran que, aunque las salas hayan desparecido, la pasión por el cine sigue muy viva en Vilagarcía.