El Cineclube Ádega revive el pasado cinematográfico de Vilagarcía con un mural
AROUSA
No hay butacas, ni pantalla, ni el olor característico de las palomitas recién hechas. Lo que sí hay es el sonido de los pinceles deslizándose sobre la pared, conversaciones entre vecinos y curiosos que se detienen unos minutos para descubrir qué está ocurriendo al final de la rúa Castelao. Allí, donde hace décadas el cine formaba parte de la vida cotidiana de Vilagarcía, el Cineclube Ádega y el artista Sebastián Camacho han encontrado una forma de proyectar esa memoria: un mural colelctivo que rinde homenaje a los antiguos cines de la villa.
La escena cambia a lo largo del día. Mientras unos terminan de colorear una parte del mural, otros esperan su turno. Los participantes se van relevando de forma constante para que todos puedan aportar su pequeña pincelada. Hay niños y adultos compartiendo una actividad que, al igual que el cine de antaño, reúne a varias generaciones.
El ambiente es tranquilo y cercano. Las conversaciones entre quienes pintan y quienes observan llenan el espacio. Muchos vecinos aprovechan para fotografiarlo y algunos incluso creen que la pintura anuncia la apertura de un nuevo cine en la zona, pero la respuesta siempre es la misma: el objetivo es recuperar la memoria de las que ya existieron.
Desde el Cineclube Ádega explican que en ese lugar estuvieron los tres principales cines de la villa. Por eso el mural se ve como un guiño a una época en la que acudir al cine era también una forma de encontrarse con los vecinos y compartir historias.
Más que decorar una pared, el mural pretende recuperar una parte de la identidad de Vilagarcía. Un homenaje a aquellos cines que hicieron de la rúa Castelao un lugar de encuentro. Porque, aunque las salas ya no estén, la memoria continúa viva.