La revolución de la literatura juvenil: entre el refugio y los nuevos espejos sociales

a.g. VILAGARCÍA

AROUSA

MARTINA MISER

Conversas ao solpor con María Riomndez y las hermanas Greenwood

14 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La literatura juvenil ya no es solo evasión; hoy es un espacio de acogida y trinchera social. En las Copnversas ao Solpor, las escritoras María, Reimóndez, y Beatriz Blanco y Natalia Martín ( las hermnas Greeenwood) Nreflexionaron sobre cómo las nuevas generaciones buscan en las páginas algo más que historias lineales: demandan espejos reales donde mirarse y herramientas para descifrar su propia intimidad.

Para María Remióndez, autora de Furia, la necesidad de escribir nace de la incomodidad de no encontrar relatos donde las jóvenes tengan un protagonismo real, lejos de los clichés tradicionales. La literatura, asegura, debe ser un refugio, un espacio que además se potencia a través del gallego como vehículo de valores y resistencia. Esta postura se palpa también en el vigésimo aniversario de su obra El club de la calceta, un libro que ha resistido muestras de violencia mediática pero que mantiene un lazo indestructible con sus lectoras. Además, María destaca que en sus visitas escolares los varones suelen monopolizar el debate, mientras que las chicas esperan al final de la clase para hablar con ella en privado, buscando un espacio íntimo de acompañamiento.

Por su parte, Natalia y Beatriz, docentes y coautoras, defienden la fantasía como el canal idóneo para la crítica social. En sus obras, rompen los cánones normativos dando voz a protagonistas con cuerpos diversos o realidades complejas. «No se trata de edulcorar la realidad, sino de tratar la vulnerabilidad con crudeza», explican. Con el fin de desvirtualizar las redes y unir a distintas generaciones en torno a las historias, crearon en su momento exitosos campamentos literarios temáticos basados en sagas como Harry Potter o Juego de Tronos. El calado de sus libros es tal que reciben constantes mensajes de jóvenes decididas a tatuarse símbolos de sus obras.

El debate también abordó las famosas red flags afectivas. Aunque géneros como el dark romance triunfan, las autoras coinciden en que los jóvenes hoy saben separar la ficción de la realidad. Disfrutan del conflicto en el papel, pero exigen relaciones sanas en su día a día. La literatura actual, lejos del viejo amor cortés, se consolida como la herramienta diaria con la que proteger los derechos sociales. Al menos así debería ser, aunque la realidad diga otra cosa.