Arantxa Portabales, César Pérez Gellida y Lola Fernández participaron en las Copnversas ao solpor de ayer
12 jun 2026 . Actualizado a las 05:05 h.La novela negra, género en constante ebullición, no solo entretiene, sino que interpela. Así lo demostraron Arantxa Portabales, César Pérez Gellida y Lola Fernández en las Coversas ao Solpor, donde desgranaron las claves de un género que nos confronta con los límites de la moralidad humana. La distopía y el noir, según Portabales, nos sitúan ante dilemas extremos: ¿qué haríamos si tuviéramos el cuchillo en la mano o si fuéramos la criada de un cuento distópico? Esta confrontación, paradójicamente, nos reconcilia con nuestra propia normalidad.
El peso del pasado emergió como un eje central, aunque con matices. César cuestionó el determinismo que vincula el trauma con la maldad, abogando por personajes definidos por sus acciones presentes, no por un bagaje vital que justifique sus actos Arantxa, por su parte, defendió que la identidad se forja en la capacidad de sobreponerse al pasado, más que en el pasado mismo, un tema central en su novela donde una protagonista amnésica choca con un pueblo que recuerda demasiado. Lola, en cambio, explora las «sombras» familiares, a menudo ligadas a la vergüenza y los silencios de la posguerra, un pasado que, en su caso, la literatura le ayudó a reconstruir y a reencontrar a su propia familia.
El entorno, ya sea rural o urbano, se erige como un personaje más. Portabales, tras explorar la Compostela urbana, se sumerge en el Loira rural, donde la vida de todos es conocida por todos, generando una «Gestapo» social que condiciona decisiones y felicidad. Este microcosmos permite una tipología de personajes más concreta, aunque también revela la solidaridad inherente al rural. César, por su parte, disfruta documentando épocas pasadas, como el Valladolid de 1917-1918, para construir atmósferas que facilitan la conexión con los personajes, aunque reconoce la «facilidad» de ambientar en el presente.
Lola utiliza el patrimonio gallego, como el Pazo de Lourizán o la fábrica Massó, no solo como escenario, sino como denuncia y llamado a la rehabilitación. Finalmente, los autores coincidieron en que la «voz» propia y los personajes recurrentes son el verdadero hilo conductor de sus series, más allá de la etiqueta de «trilogía». La capacidad de contar algo distinto, con un estilo personal, es lo que realmente diferencia a cada autor.
Y ya puestos a matar se echó en falta que ayer fuera el día de Acción de Gracias para poder cargarse a algún pavo con más tontería que pelo. Cuánto tienen que aguantar.