Aarón Porras: «Salir con Iron Maiden en un cartel de cerveza es flipante»

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Aarón Porras en un momento del rodaje de «Animal», la serie de Netflix protagonizada por Luis Zahera en la que interpretó a un abogado
Aarón Porras en un momento del rodaje de «Animal», la serie de Netflix protagonizada por Luis Zahera en la que interpretó a un abogado

El actor arousano, que cambió la Filosofía por las tablas y las Rías Baixas por Madrid, ha intervenido en dos de las series con mayor proyección de las últimas temporadas, «Animal» y «Poquita fe»

24 may 2026 . Actualizado a las 10:23 h.

Algo en Aarón Porras (Vilagarcía, 1992) recuerda a la extensa nómina de excelentes secundarios que, como el impagable Antonio Gamero, ejercieron de puntales para el cine español en los años 60 y 70 del siglo pasado. Bueno, al menos hasta que ese papel que cualquier actor intuye en el horizonte o a la vuelta de la esquina lo proyecte de forma definitiva al primer plano. De momento, la carrera escénica del joven arousano va por buen camino. En su filmografía figuran ya un puñado de largometrajes como Diecisiete (Daniel Sánchez Arévalo, 2019), Historias lamentables (Javier Fesser, 2020) o Loco por ella (Dani de la Orden, 2021). Pero es en el dominante universo de las series televisivas donde Aarón ha encontrado su ecosistema más fructífero, con una docena de trabajos en los últimos ocho años. Entre ellos figuran dos de los mayores zarpazos recientes de crítica y audiencias: Animal, el inesperado pelotazo que Luis Zahera protagoniza para Netflix y está rodando simultáneamente su segunda y su tercera temporadas, y Poquita fe, con Raúl Cimas y Esperanza Pedreño, que arrasa en Movistar + y se mantiene a la espera de que se confirme su tercera entrega. También Serramoura, la producción que Voz Audiovisual realizó para la TVG. «Bendito sea el trabajo, no me quejo de nada», reconoce el intérprete con las mismas dosis de pragmatismo que de humor.

Que conste que, cuando llegó el momento de elegir, el futuro actor había optado por una vía muy distinta para tratar de ganarse las fabas. «Me matriculé en la Facultade de Filosofía de la USC, porque era para lo que me daba la nota y porque siempre me gustaron las disciplinas relacionadas con las humanidades; me molaba la Antropología mucho. Pero tenía la escena entre ceja y ceja desde que era pequeño, conocí a gente que estaba en esto y di el volantazo hacia el glorioso mundo de las oportunidades de la interpretación. Vaya dos carreras, la verdad».

La cosa empezó a cobrar forma en la Escuela Superior de Arte Dramático de Vigo, aunque nuestro hombre, que se reconoce «un poco punki», jamás perdía la oportunidad de seguir a cualquier profesor que diese un curso donde fuese. El primer contacto profesional llega con Voadora, el grupo de teatro de Marta Pazos, Hugo Torres y José Díaz. Y de ahí a Madrid, la meca del negocio en España, con la escuela de Cristina Rota y un paradójico y puntual retorno. «Resulta que fue entonces, ya instalado en Madrid, cuando por una de esas ironías del destino surgió lo de Serramoura».

El meollo, de todas formas, donde rebule es en la capital, y en ella reside Aarón desde el 2017, abriéndose paso como un rostro cada vez más conocido. «A nivel de trabajo noté un salto bastante grande cuando hice Loco por ella, que tuvo un éxito de público tremendo. Al hacer Amar es para siempre me reconocía por la calle gente más mayor [risas], pero ya con Animal y Poquita fe me reconoce más gente de mi edad... Y la que me contrata [más risas]».

Tampoco es ajeno al mundo de la publicidad. «Siempre sale algo. Es más, acabo de hacer una para Estados Unidos con los Iron Maiden. Para una cerveza que Laguintas saca con ellos [se llama Trooper Beer]. Hay un concurso y, por lo visto, quien lo gane se va de gira con el grupo repartiendo cervezas. No los conocí, porque, como muchas otras cosas para fuera, esto se hizo desde aquí, pero... Salir con Iron Maiden en un cartel de cerveza es flipante». Además, Aarón se casa el año que viene, «e hai que ir facendo un petiño». Puro sentidiño.

El actor arousano tiene ahora mismo un par de cosas sobre la mesa. Tampoco es cuestión de gafarlas, pero sí podemos comentar que una de ellas se desarrollaría aquí y otra le permitiría trabajar en Estados Unidos. En cuanto al género, Aarón tiene sus querencias: «Me molan mucho los thriller y las películas estilo Cluedo, en el que poco a poco vas descubriendo al asesino. También aquel terror de la época Vincent Price y la Hammer». Pero a la hora de interpretar no tiene manías. «Hay que disfrutar de lo que venga. Hace años me decía que siempre me llamaban para papeles un tanto frikis, aunque empezaron a surgir también otras cosas, como polis corruptos. Yo encantado de encasillarme mientras siga trabajando, porque eso es lo que espero: trabajar cincuenta o sesenta años más y hacer cosas que no suelo hacer ahora». ¿Tal vez en Galicia? «Me gustaría, claro que sí, pero nada es perfecto».

Aquí, en el fin del mundo, Aarón aprecia la consolidación de una industria que sentó sus bases con la fundación de la TVG a mediados de los 80. «Tener la oportunidad de grabar en tu propio idioma ya va a generar la posibilidad de construir una industria propia —afirma convencido— y en Galicia hay gente haciendo muy bien las cosas, también para las plataformas y para el cine».

La actuación, en definitiva, es lo suyo: «Lo que más me gusta». En cuanto a aquellos estudios frustrados en Santiago, tampoco dejan de tener su hueco: «Para tomármelo con filosofía».

Un debut en Benidorm. «Esta fotografía recoge la primera vez que me subí a un escenario. Tenía unos nueve años y estábamos de vacaciones en un hotel de Benidorm, al que pude volver hace cinco años. Ya entonces me llamaba».