Millones de unidades de laminaria para salvar un hábitat vital para las centollas
AROUSA
Illas Atlánticas intenta frenar los estragos del excesivo apetito de un pez
19 ene 2026 . Actualizado a las 14:24 h.El director del Parque Nacional Illas Atlánticas de Galicia, José Antonio Fernández, expuso en un ciclo de charlas dentro del proyecto +Rías, de la Diputación de Pontevedra, los esfuerzos que se están llevando a cabo para intentar frenar el rápido deterioro que se ha observado en un hábitat fundamental para mariscos y para los alevines de múltiples especies de peces. Se trata de los bosques de kelp o laminarias, una clase de algas pardas, hasta no hace mucho muy comunes en el litoral gallego y que están muy afectadas por la voracidad de la salpa o salema.
Este proyecto ambiental y científico se lleva a cabo desde hace dos años con la colaboración del grupo BioCost, de la Universidade da Coruña (UDC), y el respaldo de la Consellería de Medio Ambiente, que es el departamento autonómico que gestiona el Parque Nacional. La primera siembra de pequeñas unidades de laminarias con piedras, cultivadas en laboratorio y después depositadas en el fondo marino para que puedan consolidarse en la arena, se realizó en el 2025. Esta siembra de algas pardas del año pasado «se hizo en el Parque Nacional y en la zona de Lugo. En este se va a hacer en otras de A Coruña», resaltó Fernández.
El máximo responsable del Parque Nacional indicó que no tiene una cifra concreta de cuántos ejemplares se depositaron en el fondo marino, pero sostuvo que «son millones» y que en el 2026 se hará otra acción más. Asimismo, Fernández explicó que para este año está previsto que en febrero o principios de marzo se proceda a una evaluación del resultado de la ejecutada en el 2025 para saber cómo ser más efectivos en la realización de este proyecto ambiental.
Evaluación para primavera
«Se va a hacer una revisión de cómo está el estado de las plantaciones, de las siembras, y ver si hay que hacer algún refuerzo a mayores», puntualizó. En las Rías Baixas, concretamente, se llevaron a cabo acciones en Sálvora y cerca de Ons. En Cíes aún no se ha hecho ninguna.
Sobre Ons, por ejemplo, precisó:; «Hay que ver cómo pasó este invierno y qué pasa en la primavera, si creció y si recuperó o no. Lo que tenemos hasta el momento es que hubo un repute de crecimiento pero no es suficiente. Está mejor en Ons que en Cíes, pero queremos saber cómo se comporta esta plantación para Semana Santa».
Ante los representantes de todas las cofradías y agrupaciones marisqueras de la provincia, el director de Illas Atlánticas manifestó la gran importancia que tiene para los ecosistemas de las Rías Baixas que los bosques de laminaria se encuentren en buen estado. Mostrando una foto de una centolla como ejemplo, Fernández señaló que las laminarias crean un hábitat muy relevante para el marisco y para los juveniles de muchas especies de peces, donde hallan protección y alimento.
Así pues, desde el Parque Nacional ven con preocupación la regresión de este hábitat en Cíes, Ons y Sálvora, por las consecuencias negativas que tiene para la biodiversidad. Illas Atlánticas guarda un registro científico y hace un seguimiento en todo su ámbito desde hace doce años y ha podido comprobar que hay «una variación muy importante».
El máximo responsable del Parque Nacional incidió en que el mayor problema al que se enfrenta la laminaria está en un pescado, la salpa (Sarpa salpa) y no tanto al cambio de temperatura del agua, que sí está afectando a otras especies vegetales y animales.
Un depredador que avanza
La salpa «es la principal responsable de que baje bastante la población de laminaria» en las islas gallegas. Es un pez herbívoro muy voraz y no encuentra en el mar un depredador que le pueda poner coto. Además, tampoco existe interés en el sector pesquero en su captura, porque no tiene valor comercial. «Sabe mal», apunta, resaltando que esta circunstancia apunta a que su único destino para sacar algo de rentabilidad a su captura sería harinas para fertilizantes.
El problema de este pez se concentró durante años en las islas, pero ahora ha modificado su comportamiento y su amenaza es incluso mayor. «Ahora la salpa, como ya se comió muchas laminarias en el Parque Nacional, va para dentro de las rías. La salpa va moviéndose, va como en bandos, donde hay comida es como si fuese una plaga de langostas», afirmó.