Locales que se rebelan contra el TPV: «¿De verdad hay que pagar un café con tarjeta?»

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MONICA IRAGO

Frente a la imparable marea del dinero de plástico hay negocios que han decidido plantarse: «Non penso perder nin un céntimo para darllo ao banco»

07 feb 2024 . Actualizado a las 18:42 h.

¿Cuánto dinero lleva usted en el bolsillo? Dinero en metálico, contante y sonante, del de toda la vida. El uso de billetes y monedas parece estar retrocediendo, desplazado por esas nuevas formas de pago que se esconden en las tarjetas de crédito y en los todopoderosos teléfonos. La tendencia, que ya se veía venir de antes, se ha disparado tras la pandemia, provocando que muchos pequeños negocios hayan tenido que acostumbrarse a convivir con las TPV, esas terminales por las que entra en caja el dinero de las ventas y por el que se va, también, una fracción para el banco. En los mercadillos ambulantes, en las plazas de abastos, el cobro con tarjeta se ha normalizado. Y si hace unos años era una rareza poder pagar en ellos con dinero invisible, hoy lo extraño es no poder hacerlo. Hasta los cafés de media mañana se pagan con tarjeta... En la mayoría de sitios. Porque hay otros que se han plantado. E igual que antes se anunciaba con carteles que «se aceptan tarjetas», ahora se advierte de la misma forma de que no se admiten pagos que no sean con dinero contante y sonante.

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«É unha cuestión de principios», dice Fernando Rial, del bar O Galeón Vikingo, en Catoira. Hace unos días ha colocado en la puerta el cartel que avisa de su negativa a cobrar con tarjeta. «Decidín colocalo porque me rompían a cabeza, pero non tiña ningunha obriga», dice este hostelero, que asegura que no piensa perder «aínda que sexa un céntimo dos meus beneficios para llo dar ao banco; xa bastante gañan eles». Reconoce que cada vez es más la gente que llega a su establecimiento queriendo pagar a través del datáfono. «A verdade é que a xente que vén do estranxeiro trae máis cartos en metálico. Pero os turistas que veñen doutros sitios de España veñen todos coa tarxeta na man e pensan que os estou vacilando cando lle digo que non poden pagar así; hai quen vén á Romaría Vikinga sen un euro no peto para poder comprar un auga... Pero que sentido ten iso?».

Los hosteleros que se rebelan contra la tiranía de la TPV aseguran que su apuesta no les ha costado, de momento, clientela. Buen ejemplo de ello es el Maty, en Vilagarcía, donde el cartel que avisa que no se cobra con tarjeta está bien visible. «En locales como el nuestro los precios son bajos, no los hemos subido. No es justo que me pagues un café con tarjeta, que el banco se lleve una parte de nuestro margen de beneficio... Prefiero invertirla como siempre, dándole una tapa al cliente», dice Cándido Cascallar. «Somos negocios pequeños, pero generamos empleo, mientras que los bancos al contrario, lo retiran. Quizás con el tiempo no nos quede otra opción que rendirnos y tener que aceptar la tarjeta, pero de momento no», explica. Reconoce que no es la primera vez que explica su postura: de vez en cuando, aparece alguien que quiere pagar con dinero plástico y él suele darle sus argumentos. «Y la gente, la verdad, los entiende». Además, en el Maty la clientela tiene algo de familia, de gente de todos los días, de agradable rutina. «De vez en cuando puede entrar alguien despistado que te pida para pagar con tarjeta, pero no es lo habitual», cuenta Cándido. Y, como si estuviese preparado, en ese momento entra en el establecimiento una mujer joven con una sonrisa de oreja a oreja: viene a pagar dos cafés que dejó pendientes un rato antes por no llevar efectivo. «Le dije que no volviese a propósito, pero ya ves», dice Cándido sonriendo.

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También sonríe Mar Gallego, que lleva 26 años detrás de la barra de otro local mítico de la hostelería vilagarciana, el Mickey. En esta cafetería, abierta en la plaza de España desde los años setenta del siglo pasado, no se paga con tarjeta, tampoco hay WiFi. «Yo igual soy un poco antigua —ironiza— pero creo que los bares son sitios para charlar, para conversar», dice al respecto de la conexión a internet. Sobre la tarjeta, es tajante: «No voy a pagarles más a los bancos, que ya cobran por todo. Los negocios como este somos empresas pequeñas. ¿De verdad es necesario pagar con tarjeta un café?», se pregunta.

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Viqui Pérez abrió su bar, el Catro Camiños (Cambados) en plena pandemia. «Fun ao banco e ofrecéronme o datáfono. Collino, e devolvino, porque as comisións eran altísimas, e traballar para o banco....». Reconoce su sorpresa ante la gran cantidad de gente que sale a tomar un café sin efectivo. «A estas alturas, gaña por goleada quen paga con plástico», dice. Aunque su clientela de todos los días «xa sabe como funciona isto», a los despistados los envía al cajero. Alguno fue y no volvió, pero afortunadamente son los menos.