Del sofá rescatado de la basura, al mostrador tras el que empezó Amancio Ortega: Ara lleva su apuesta por la economía circular más allá de la moda

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Martina Miser

La tienda de A Independencia apuesta por marcas de ropa españolas y de calidad, que presenta en un escenario en el que todos los muebles tienen mucha historia

01 ene 2024 . Actualizado a las 09:17 h.

Araceli Silva es especialista en ver la belleza escondida y sacarla a flote. A lo largo de los años, ha entrenado su talento en una peluquería que se ha convertido en un referente en el mundo de la cosmética natural. Desde agosto del 2022, Araceli se ha embarcado en otro negocio: Ara, una tienda de ropa y complementos elaborados en talleres españoles que se toman su tiempo en los procesos, que huyen del consumo rápido, que apuestan por la moda lenta, esa que dura, esa que a veces parece que puede llegar a ser eterna. El espíritu de la tienda se palpa desde que se entra en ella: está amueblada con un gusto exquisito, con unos bellos muebles que Araceli rescató, en algunos casos, del contenedor de la basura. En otros, de tiendas en las que se aprovecha todo.

Empezamos la visita guiada por el interior del comercio por la pieza más evidente: el mostrador. La barra de madera y cristal fue adquirida por Silva a unos anticuarios de Betanzos que, a su vez, la habían sacado de una vieja mercería, La Maja, en la coruñesa calle San Andrés. Un local que ha pasado a la historia por haber sido el lugar en el que comenzó a fraguarse la leyenda de Amancio Ortega, el fundador de Zara.

La pieza ha sido restaurada con sumo gusto, sacando los barnices excesivos y haciendo visibles las cicatrices que deja el tiempo y el trabajo. También tiene viejas heridas la mesa sobre la que se colocan con gusto chaquetas y pañuelos. «Esta atopeina no lixo», dice Araceli. Sonríe mientras piensa sus siguientes palabras. «É sorprende o que a xente chega a tirar», dice finalmente, girándose hacia un hermoso mueble de madera, una especie de secreter con cajones y que aún conserva la tapa de cuero en la bandeja para escribir. «Isto tamén o atopei ao carón dun colector. Non o dubidei, leveino. Unha parella do Grove encargouse de restauralo. Non houbo que facerlle moito, estaba perfecto!», dice la mujer, estupefacta aún porque alguien decidiese abandonar una pieza «de tanta calidade, que tiña tanta vida aínda». Mesas construidas con material de deshecho de una marmolería, muebles auxiliares fabricados con madera arrastrada por las mareas, maniquíes comprados a una de tantas tiendas que ha tenido que bajar la persiana...

Araceli sabe que su tienda se sale de lo habitual, que tiene tanto de negocio como de apuesta personal. «Levaba moito tempo pensando en que en Vilagarcía facía falla algo así, porque coñecía xente que quería mercar este tipo de cousas e tiña que facelo por Internet. Así que empecei a comentalo, e na miña familia todo foron ánimos...», relata. No hizo falta más empujón: Ara estaba en marcha. Aunque para hacerla realidad hizo falta mucho trabajo, porque Araceli rastreó el mercado para buscar aquellas marcas que se ajustan como un guante a los principios que rigen su tienda: deben ser empresas sostenibles, tanto si hablamos del cuidado del medio ambiente, como si hablamos del cuidado de su plantilla. Empresas que cuidan lo que hacen y que se abrazan al territorio en el que están instaladas. Empresas que, aprovechando la tradición y toda la sabiduría que esta guarda, son capaces de innovar y hacer propuestas originales y audaces. Marcas vascas, catalanas y castellanas con las que «podes ter un trato directo». «Primeiro intenteino con varias marcas galegas, pero teñen unha produción moi pequena e non poderían dar o paso dunha tenda física», señala. Y sin embargo, no hay mejor lugar para comprar este tipo de ropa que una tienda física. Porque el tacto de los abrigos, la suavidad de las prendas, la simple caída de las telas, anuncian que estamos ante «roupa que é creativa, si, pero tamén roupa que cura, que está feita con produtos que non nos van danar... Moitas veces non somos conscientes do mal que lle podemos facer á pel con algúns tecidos», señala Araceli.

Con cierta prevención, damos la vuelta a una etiqueta para ver el precio de un abrigo. El gesto de sorpresa nos delata y nuestra anfitriona sonríe. «Un dos nosos principios é que os nosos produtos non poden ter prezos desorbitados». Y no los tienen.