Doña Lola en A Illa, Mariloli en Ribeira

Bea Costa
bea costa A ILLA / LA VOZ

AROUSA

Martina Miser

Cada fin de semana pone rumbo al norte y vuelve a la casa en la que nació

25 ene 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Lola Folgar nació a unos metros de la Fonte de Padín, en Ribeira. Dejó aquella casa a los 21 años, cuando se casó con Óscar o alemán, y ahora, con 80, vuelve cada fin de semana, en Navidades y en otras fechas señaladas para disfrutar del confort que le ofrece su segundo hogar, herencia de su madre. Allí, en su barrio, en el colegio, en la emisora parroquial..., siempre fue Mariloli, y así la siguen llamando sus amistades y familiares. Mariloli cambió de nombre al cambiar de orilla, en 1963, cuando ya como mujer casada se convirtió en Dolores, y, poco después pasó a ser Doña Lola para sus alumnos y para el resto del pueblo.

Como profesora enseñó a varias generaciones de isleños y como concejala del PSOE, después, algo ha tenido que ver en la transformación que ha vivido este joven Concello en los últimos años.

Tiene razón cuando dice que su vida da para un libro. De momento, nos da para escribir sobre sus experiencias a caballo entre el norte y el sur de la ría de Arousa. Por edad, le tocó viajar en los vapores que hasta los años setenta cubrían la ruta entre Ribeira y Vilagarcía y hacían parada en A Illa, aquella remota isla en la que, pensaba de jovencita, sería un horror vivir. Pero la vida da muchas vueltas. O alemán cogió las riendas del taller mecánico de su tío y ella, tras un breve paréntesis como maestra en Murcia y en Curro, enseguida encontró plaza en A Illa, y allí acabó asentándose el matrimonio con su familia.

Nunca se alejó del todo de su Ribeira natal, adonde acudía de vez en cuando a ver a su madre, aunque fue a raíz de su fallecimiento, hace once años, cuando aquellas visitas se convirtieron en una rutina semanal. Con la autovía no le lleva más de una hora ponerse en el otro lado, nada que ver con aquellas «odiseas» en las que había que conjugar todos los medios de locomoción a su alcance para llegar a su destino. El primer paso era coger el vapor desde A Illa a Vilagarcía, después había que coger el tren hasta Padrón y, una vez en la estación, todavía quedaba un trecho hasta la parada de autobús más próxima para poner rumbo a Ribeira. A quienes tenían el coche aparcado en Vilanova —el puente no llegó hasta 1985 y la única conexión con el continente era a través de la motora— este trayecto se le hacía más llevadero, pero, como la gran mayoría de los isleños, Lola Folgar ni tenía coche ni carné, de modo que no le quedaba otra que pasar tres o cuatro horas en la carretera para salvar una distancia que por mar no lleva más de media hora.

Lola Folgar también se trasladaba a menudo desde A Illa a Rianxo, localidad en la que vivían sus suegros, y lo hacía bordo del Cambeses, un barco que salía desde Vilagarcía rumbo a las tierras de Castelao.

El transporte marítimo pasó a la historia y en cuanto tuvo oportunidad, a los 61 años, se hizo con el carné de conducir —«quiteino á primeira», cuenta—. Desde entonces es ella la que se pone al volante, sin pasar de los cien kilómetros por hora y de una forma mucho más cómoda y segura que hace dos décadas, cuando tenía que circular por aquella mortífera vía rápida do Barbanza.

Ribeira-A Illa-Rianxo constituyen su particular Triángulo de las Bermudas en una ría que conoce bien y que disfrutaba en los días claros y de calma y que su sufría cuando ventaba y llovía. Aquellas travesías forman parte de su biografía y hoy las percibe como algo lejano que, quizás, se recuperen algún día. «O certo é que se vas en barco faise todo máis curto, o malo son os días de temporal», reflexiona. Entre tanto, Lola sigue en tierra firme, acortando las distancias entre la Ribeira de Mariloli y la isla de Doña Lola, y apurando la vida a sus 80 años aprendiendo alemán en la escuela de idiomas y a tocar el violín en la escuela de música.