La pandemia le obligó a amarrar el barco y se fue a salvar vidas a Canarias

Bea Costa
bea costa REDACCIÓN / LA VOZ

AROUSA

Martina Miser

Santiago Domínguez lleva dos décadas haciendo rutas turísticas por las rías: «Non lle damos importancia ao que temos»

07 ene 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

A Santiago Domínguez le da pudor protagonizar una sección titulada lobos de mar porque, aunque lleva media vida al timón —tiene 44 años— está lejos de la experiencia de esos veteranos marineros con los que departe en el puerto de O Grove, dice. Algunas millas lleva ya, desde que en 1997 sacó la licencia de patrón de tráfico interior para poner en marcha la escuela de buceo Bahía Sub. Llevaba practicando buceo desde los catorce años y, con un hotel en la familia, vio en el submarinismo una oportunidad de negocio combinando deporte y turismo. Los fondos de la ría de Arousa son una maravilla que, afirma, estaban por descubrir, y con él muchos aficionados al buceo y la fotografía submarina tuvieron oportunidad de conocerlos.

Una cosa llevó a la otra y desde el 2002 Bahía Sub también es una empresa de pasaje que cubre itinerarios turísticos por la ría de Arousa, el Parque de As Illas Atlánticas y la Ruta Xacobea del Mar de Arousa e Ulla. A los mandos está Santi, que pasó de manejar el Palleiro 1, de 5,30 metros de eslora, a llevar el Palleiro 4, un catamarán con capacidad para 150 pasajeros y servicio de cafetería a bordo.

Con esta embarcación realiza el remonte del río Ulla de marzo a noviembre, transportando a miles de peregrinos entre Vilanova y Pontecesures. Santi todavía se sorprende gratamente cuando recibe felicitaciones de Navidad enviadas desde Groenlandia o Australia. Es la cara más amable del oficio, pero ha conocido también otra cara más amarga, la de recoger cadáveres y rescatar a personas moribundas en el mar.

Fue entre los años 2020 y 2022, cuando la pandemia obligó a amarrar los barcos de pasaje y hubo que buscarse la vida en otros mares. Su título de patrón de altura le abría la posibilidad de trabajar en la pesca, pero finalmente optó por enrolarse en una embarcación de salvamento marítimo donde conoció de cerca la tragedia de la inmigración. En el Mediterráneo frente a las costas de Argelia y en el Atlántico, cerca de las Islas Canarias, Santiago Domínguez rescató a personas que se metían en pateras a ciegas. «Veñen enganados, sen saber o que lles esperaba. O problema non é o vemos na televisión. O que habería que erradicar son as mafias e se non se fai é por intereses políticos», reflexiona.

Mirar a la muerte y la desesperación a los ojos es duro, pero de todo se saca algo positivo y este grovense se queda con la satisfacción de haber podido ayudar a mucha gente. No descarta volver algún día, entre tanto, ha dejado los profundos océanos para regresar a la plácida ría de Arousa —no por ello fácil de navegar, puntualiza— a realizar itinerarios turísticos en los que, además de patrón, ejerce de speaker, ilustrando a los pasajeros sobre el paisaje y paisanaje que se abre al paso del Palleiro 4.

Santi presume de su tierra y su mar y lamenta que los de casa no los valoren en su justa medida. «Non lle damos importancia ao que temos, a este sitio tan bonito no que vivimos que vén ver xente de todo o mundo». Gracias a su empresa esta distancia se va acortando, valga como ejemplo aquella octogenaria de Dorrón (Sanxenxo) que Santi no olvida y que le agradeció con lágrimas en los ojos haberle mostrado las orillas del Ulla.

Este itinerario, el que recrea el traslado de los restos del apóstol Santiago, está ganando posiciones en las rutas jacobeas y atrae a visitantes de lo más variopinto. Al catamarán de Domínguez suben familias, cada vez más mujeres solas y visitas ilustres como las protagonizadas por una delegación de la Casa Blanca. Lo que más les llama la atención es verse en un mar que parece un lago y navegar entre un laberinto de bateas con la oportunidad de ver en directo como se trabaja el mejillón.

El fenómeno jacobeo ha salvado los dos últimos años a un sector que sufrió mucho durante la pandemia y que sigue sin recibir el apoyo público que debiera en opinión del empresario. «Estamos sostendo este itinerario e todo co esforzo da iniciativa privada, non hai axudas. Nós durante a pandemia recibimos cero euros». A esto hay que sumar la competencia que suponen las embarcaciones menores, con capacidad para un máximo de doce pasajeros, que pueden operar en la ría sin tener que cumplir los requisitos legales y de seguridad que se le exigen a su naviera. Pese a los inconvenientes, Santi espera mantenerse en el negocio otros 25 años, trabajando en algo que le gusta y a lo que ha podido llegar gracias a la ayuda de mucha gente, especialmente de su familia. Quería decirlo y dicho queda.