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J.R. Alonso de la torre EL CALLEJÓN DEL VIENTO

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A falta de milagros y apariciones, el papa recibe al vilagarciano Joaquín Pérez Rey

20 dic 2021 . Actualizado a las 21:26 h.

Una buena mañana del mes de mayo de 1967, los profesores de mi colegio nos sacaron al patio y nos anunciaron que iba a pasar sobre nuestras cabezas el papa volando. Yo tenía 10 años y a esa edad uno se cree todo de sus profesores y si los míos decían que en breve pasaría el papa volando, no había más que hablar y solo restaba mirar hacia arriba para verlo. Solo tuvimos que esperar unos minutos para que se obrara el milagro. Un profesor, de pronto, lleno de entusiasmo y buena vista, señaló una estela en lo alto y una minúscula motita, que avanzaba por el cielo. «Ahí va, ahí va», gritó. «Saludadlo», nos animó y le hicimos caso, agitamos nuestras manos hacia la estela celestial y, al llegar a casa, anuncié muy serio a mis padres que aquella mañana había visto al papa camino de Fátima.

Efectivamente, Su Santidad pasó por el cielo de mi infancia volando, sí, pero en un avión que lo llevaba hacia Fátima. Yo quedé marcado por aquella visión y desde entonces quise visitar el lugar de destino del papa: Fátima y su gran explanada, de la que tanto me hablaron mis padres cuando les conté el prodigio.

Fue 30 años después, en 1997, cuando La Voz de Galicia me mandó a Fátima y pude aterrizar, por fin, en la explanada de la basílica. La Voz estrenaba páginas dominicales y el 80 aniversario de las apariciones a los pastorcitos podía ser un buen tema para abrir el suplemento. Así que a Fátima me fui con el compañero fotógrafo Vítor Mejuto y, la verdad, aquello no había por dónde cogerlo.