vilagarcía / la voz

Solo se miraron, y a distancia, en dos momentos. Cuando la manifestación convocada por Comisiones Obreras y UGT echaba a andar en los jardines de Ravella, la movilización de la CIG interpretaba sus últimos compases en la plaza de la Independencia. Una calle larga separaba a las principales centrales sindicales del país en el Primero de Mayo, pero quien quiso pudo verse de un extremo a otro. Poco después, la segunda comitiva rodeó por un lado la misma plaza en la que la primera había aplaudido ya su manifiesto. La participación fue muy similar, un par de cientos de personas en cada una de ellas. Así transcurrió la emblemática fiesta del trabajo en Vilagarcía, que concentró las movilizaciones de todo O Salnés.

Que hay razones para que unos y otros vayan por su lado es evidente. Siempre ha sucedido. Claro que de las proclamas y los contenidos de las reivindicaciones enunciadas ayer en la capital arousana no se extrae ninguna diferencia crucial que impida la suma de fuerzas ante una situación sobradamente excepcional, más allá de la reclamación de un marco laboral gallego en el que se tomen las decisiones, que emana de la central nacionalista. Su portavoz en Arousa, Xan Bouzas, Tupi, fue el encargado de leer el manifiesto después de que la manifestación de la CIG recorriese la parte nuclear el centro de Vilagarcía desde la rotonda de O Ramal. La marcha acuñó consignas que cualquier participante en la otra movilización podría haber firmado. «Traballo digno na nosa terra», «convenios aquí e non en Madrid», «atención presencial, sanidade pública», rechazo de los expedientes de regulación de empleo que se anuncian en la banca. Tupi tomó la palabra para exigir «unha saída galega xusta», clamar contra el desmantelamiento industrial de la comunidad y poner cifras a la rebarbadora laboral en la que se ha convertido la pandemia: seiscientos puestos de trabajo destruidos en la comarca, sin tener en cuenta a quienes continúan en situación de ERTE. Y la derogación de la reforma laboral.

El secretario comarcal de Comisiones, Juan Bao, fue quien recordó las medidas de seguridad que las manifestaciones debían cumplir antes de que la marcha de CC. OO. y UGT echase a andar. Reformas sustanciales en la contratación, flexibilidad negociada para evitar que las empresas recurran al despido como flotador ante la crisis, una apuesta imprescindible por el sistema público de pensiones, el blindaje y refuerzo de los servicios públicos ante la dura prueba a la que están siendo sometido por la pandemia, y la caída de la reforma laboral forman parte de la agenda que exigen ambos sindicatos., algo no muy distinto de lo que se había escuchado media hora antes. Existen diferencias, y algunas de ellas son notables, pero el Primero de Mayo no se negocia ningún convenio. Se celebran los lazos de quienes viven de su trabajo. Tal vez, la próxima vez.

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600 empleos perdidos, la reforma laboral y los servicios públicos como motor sindical