redacción / la voz

Vecino de Pepín-A Lomba (Vilagarcía) y profesor de Música en el Instituto Castro Alobre hasta su jubilación, el compositor Eligio Vila Vázquez nació en Lantaño (Portas) hace 78 años. Sus obras se han interpretado por medio mundo, aunque recuerdo especialmente algunos conciertos en el Palacio de Congresos-Auditorio de A Coruña a mediados de los 90 del siglo pasado. En los programas de mano, aparecía Eligio, sus Variaciones para orquesta y su Secuencias nocturno, junto a la Pastoral de Beethoven y la Sinfonía inacabada de Schubert.

Eligio me confesó hace años que él tenía dos momentos para inspirarse: uno era conduciendo su coche y el otro, mientras se aseaba. Después, ya tranquilo en su mesa de trabajo, perfeccionaba y pulía sus composiciones. Seguramente ese habrá sido el proceso creativo de su obra El rincón de los espíritus, Cuarteto número 3 para cuerda, Opus 35, editado por Bretons & Mercandal, que se estrenará en el auditorio de Vilagarcía durante la próxima temporada de conciertos de la Sociedade Filharmónica de Vilagarcía, que celebró el pasado mes de noviembre su quinto aniversario.

Aquel comité ciudadano

El presidente de la Sociedade Filharmónica, José Luis Sanz, recordó que hace más de 20 años, Eligio y él crearon el comité ciudadano para la construcción en Vilagarcía de un auditorio, además de participar ambos en la fundación de la Sociedade. La concejala de Cultura, Sonia Outón, anunció que la interpretación de El rincón de los espíritus correrá a cargo del cuarteto de cuerda Mona, compuesto por cuatro mujeres que residen en París.

La vida de Eligio Vila está marcada por la música desde niño. Hijo de agricultores, tuvo dos hermanos, Valentín y Mercedes. Estudió en la escuela nacional de su pueblo y no tenía nada más que diez años cuando, paseando por la aldea con su madre, se encontraron con el director de la banda de Lantaño, José Laguarta, que los convenció para que Eligio iniciara los estudios de solfeo y trompeta.

A los doce años, ya era el trompeta solista de aquella famosa banda Unión de Lantaño, que con la Lira de Ribadavia y la banda Alongos de Ourense estaban consideradas las mejores de Galicia. Eligio terminó el bachillerato y, aunque pensaba ingresar como músico en el Ejército, acabó estudiando Magisterio, sacando oposiciones y ocupando destinos en colegios de A Estrada, A Illa de Arousa, Catoira, Carril y O Piñeiriño de Vilagarcía.

Trayectoria académica

En 1969, sus padres vendieron sus tierras en Lantaño, invirtieron el dinero en unos pisos en Vilagarcía y se afincaron aquí. Eligio y su esposa, natural de Cuntis, también se vinieron a Vilagarcía, donde nacieron sus dos hijos, Alberto y Javier, que siguieron la estela musical de su padre. En 1988, consiguió el título de profesor superior de Música en la especialidad de Armonía, Contrapunto, Composición e Instrumentación. Antes, en los años 70, había sido director de la Academia Municipal de Música de Vilagarcía y director de la banda de A Estrada. En 1991, sacó oposiciones de profesor de Música de Enseñanza Secundaria.

Eligio empezó componiendo marchas y pasodobles, pero a partir de 1984, se siente atraído por la música de Claude Debussy, Bèla Bartok, Stravinsky o Paul Hindemith. Eligio ha creado composiciones con lenguaje academicista como una sonata para violín y piano, un cuarteto en re mayor para cuerdas, su sinfonía número uno o la obertura Vilagarcía de Arousa.

Vino después su etapa de creación vanguardista y los estrenos de dos de esas obras en el auditorio de A Coruña con la Orquesta Sinfónica de Galicia dirigida por Víctor Pablo Pérez, premio nacional de Música, o en Caracas con la Orquesta Nacional de Venezuela. En su momento, fue el único compositor gallego a quien la Orquesta Sinfónica de Galicia le había estrenado dos obras

Centrándonos en lo local, su obertura Vilagarcía fue inspirada por los conciertos veraniegos de la banda de música en A Baldosa. Ese ambiente festivo le dio fuerza. Eligio me confesaba hace años que era incapaz de componer con ruido o con distracciones. «Un buen momento es nada más levantarme. También tras la cena, cuando todo está en calma, me vienen ideas aprovechables. Normalmente, en los ratos libres, el pensamiento se me va hacia la música, que es el motor de mi vida», explicaba.

Tarareando en coche

El compositor vilagarciano siempre va pensando en la música. Si no tararea por la calle es por reparo, pero se nota en su semblante que va metido en sí mismo, en la música. Donde sí tararea es durante los viajes en coche. Durante el año que trabajó en el Instituto de Cangas, los trayectos de ida y vuelta le permitieron gestar alguna de aquellas obras que aparecían en los programas de mano junto a las de Beethoven y Schubert.

Eligio lleva mal las emociones: «Si hay algo que me embarga o entusiasma, eso me perjudica. Si me hablan de un proyecto que me apasiona, tardo luego en volver a estar en forma para la creatividad», detallaba. Bienvenidos sean esos proyectos y esas emociones porque gracias a ellos y a la colaboración de muchos vilagarcianos se han hecho realidad sueños magníficos como el auditorio o la Sociedade Filharmónica de Vilagarcía. Ahora falta el broche de oro, el estreno de El rincón de los espíritus, una composición capaz de crear, en palabras de su compositor, «un clima fantasioso y sobrenatural».

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El hombre que piensa con música