«Este verano no anunciaré los conciertos»

El mítico local de San Vicente expande su oferta añadiendo una residencia para músicos


VILACARCÍA / la voz

Lo tenía todo en su mano. Después de 25 años El Náutico de San Vicente había conseguido convertirse en «el refugio de los músicos», como reza el título de la serie documental que Atresmedia grabó en A Barrosa. Tenía la mejor programación estival de conciertos. Era el sitio en el que todos los músicos quieren tocar. La referencia musical por excelencia. La sala de conciertos con más seguidores en redes sociales de toda España. Y la segunda marca de la música en Galicia, solo por detrás del Resurrection Fest, pero por delante de cualquier otro evento o festival, incluido el O Son do Camiño.

Pero Miguel de la Cierva nunca ha sido de los que se conforman. Ni siquiera cuando, como ahora, le vienen bien dadas. Así que, fiel a esa inquietud perenne que lo ha llevado a donde ahora se encuentra, se ha planteado darle una vuelta de tuerca a su propuesta. Y lo ha hecho en el momento más difícil. En plena pandemia.

Y esa vuelta de tuerca tiene que ver son su proyecto de residencia para artistas. El Náutico pone a disposición de los músicos no solo su escenario y su privilegiada ubicación, sino una sala de ensayo, equipamiento técnico, un estudio de grabación y un alojamiento privado, que propicia la convivencia y la intimidad, en una soberbia casa de aldea independiente, en pleno bosque, también en San Vicente.

La residencia para artistas busca desestacionalizar y fortalecer el valor de El Náutico como lugar de encuentro y convivencia y como espacio de creación y formación. Por allí ya han pasado Morgan, los hermanos Iván y Amarto Ferreiro, Coque Malla, Rozalén, Raül Refree o Combo Paradiso (banda formada por Adrián Costa, Julián Maeso, Juan Zelada y Alberto Anaut). Y en las próximas semanas lo harán Pablo Novoa y Budiño o Javier Ruibal con Uxía.

Asume Miguel de la Cierva que se trata de un propuesta osada. Y más en estos momentos. «Yo vi esto y me lancé», comenta. A pesar de que aún no ha contado para ello con ningún apoyo externo. «Todavía nadie me ha comprado la moto. Me pasa como me pasó con en el Náutico. Nunca me la compraban hasta que la vieron pasar a 120. Entonces sí, entonces dijeron, «ostia, esta moto anda». No te jode, a toro pasado! Pues con la residencia me pasa igual». De hecho, añade, «soy un temerario que me he lanzado a este proyecto de la residencia, igual que hace 28 años creí en el del Náutico, como para tirar la vida por la borda. Esto va a ser un pepinazo. Esto es lo que le faltaba al Náutico».

Una de las grandes bazas que jugará la residencia para artistas del Náutico tiene que ver con el valor que ha ido atesorando a lo largo de los años el local de San Vicente como punto de referencia y de encuentro de músicos de toda índole. En realidad, explica su artífice, la residencia es «un espacio al que los músicos pueden llegar para trabajar, pero también para relajarse, inspirarse y disfrutar de todo aquello que ahora mismo en otros entornos se les niega».

Una de las grandes bazas de esta residencia es la desestacionalización de la oferta de El Náutico, hasta ahora excesivamente centrada en los meses de verano. «Esto es un trozo más del Náutico, para que vengan Drexler, Coque o Leiva fuera de temporada».

Asegura Miguel de la Cierva que entiende la residencia como un catalizador del Náutico. «Para que lo vuelva más bonito, para que se desestacionalice a base de proyectos de formación, residencias artísticas, grabaciones o retiros de creación».

En el 2019, con más de cien conciertos durante el verano y con la presencia de los principales grupos y artistas de la escena nacional, El Náutico tocó techo. O, por lo menos, decidió que así fuera. Su propietario tomó la determinación de que había llegado la hora de replegarse y, de alguna manera, volver a los orígenes y a la esencia del local. Y en esto llegó la pandemia. Y lo que era una declaración de intenciones se tornó en obligación. Las restricciones sanitarias obligaron al Náutico en el 2020 a restringir al límite el aforo de sus actuaciones. Y Miguel de la Cierva optó por jugar al enigma. No habría cartel ni se anunciarían los conciertos. Una filosofía que piensa mantener en este 2021. «La salida a la crisis pasa por la reinvención, por aprovechar las nuevas oportunidades, el nuevo ecosistema. No me duele no poder hacer conciertos de 600 personas en el Náutico y 2.000 en la playa. No, este verano tampoco vamos a primar lo cuantitativo. Vamos a centrarnos en lo cualitativo».

Primero fue una fábrica de salazón, después un club náutico y desde hace 28 años una sala de conciertos, convertida en referencia fundamental entre los músicos españoles.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

«Este verano no anunciaré los conciertos»