«Oleaxe», la escultura maldita de Manolo Paz, sigue confinada en una nave 22 años después

Una de las obras más potentes que nunca se hayan instalado en Vilagarcía acumula polvo tras ser golpeada por un camión en 1999 y formar parte de una escombrera

En julio de 1997, Manolo Paz, Carlos Rial y Antonio Lorenzo, un alumno de la escuela de cantería de Poio, sudaban bajo el sol de Arousa mientras instalaban en el muelle de Pasajeros una obra singular, surgida del talento del prestigioso escultor de Cambados. Oleaxe se componía de quince piezas cortadas de una misma veta de granito en el monte Xiabre. Engarzadas unas en otras, integraban una estructura creada no para ser contemplada fríamente desde una posición de observador ajeno, sino para ser tocadas, recorridas y empleadas incluso como asiento en un enclave privilegiado, que se adentra en el mar más fecundo de Europa. Transcurridos 22 años y una surrealista cadena de despropósitos, el conjunto acumula polvo en el interior de una nave del recinto portuario de Vilagarcía.

Atendiendo a la pura objetividad, habrá que concluir que la situación de la escultura, si bien dista mucho de ser mínimamente digna, sí ha mejorado al menos en los últimos años. Tras largo tiempo sin noticias de Oleaxe, su esqueleto destrozado reapareció para el conocimiento público en abril del 2014. La obra presidía un amontonamiento de escombros en la parte posterior del centro frigorífico, compartiendo espacio con tierra y neumáticos. Así que alguien debió de pensar en barrer bajo la alfombra y meter los restos a cubierto.

Encargada en tiempos de José Luis Rivera Mallo al frente de la Autoridad Portuaria y dotada de cuatro metros de ancho, siete de largo y dos de alto en el corazón del muelle de Pasajeros, la escultura tendría que haber dado el pistoletazo de salida simbólico a un programa de reformas de la fachada marítima que, finalmente, transitó por otros derroteros. Era, sin duda, la principal obra de arte que se integraba en el espacio público de la ciudad y, bajo cualquier criterio que quiera interpretarse, una de las más potentes que se hayan instalado nunca en Vilagarcía. Nada de todo ello la protegió del camionero que, en junio de 1999, la golpeó mientras maniobraba, desencadenando una secuencia de decisiones incomprensible. Meses después del desaguisado, desapareció de su enclave para ser sustituida por algo tan enjuto en su capacidad evocadora como escasamente creativo a la hora de pensar el mar: un par de anclas. Poco importa que en su día se hubiese cerrado un acuerdo entre el Puerto y la compañía de seguros de la empresa para la que trabajaba el vehículo. De la demolición a la escombrera, y de allí a la nave. Ese ha sido su recorrido en 22 años en los que, por absurdo que parezca, jamás se restauró.

Oleaxe se instaló en 1997, al hilo de Galicia Terra Única, en tiempos de Rivera Mallo en la Autoridad Portuaria y de Pérez Varela en la Consellería de Cultura
Oleaxe se instaló en 1997, al hilo de Galicia Terra Única, en tiempos de Rivera Mallo en la Autoridad Portuaria y de Pérez Varela en la Consellería de Cultura

Algún intento hubo, sin que llegase a nada. No es extraño que Manolo Paz, que en su día pensó incluso en darle una respetuosa sepultura bajo las aguas de la ría, ni siquiera quiera hablar ya de esta obra maldita, que reaparece cada cierto tiempo para desempolvar un fantasmagórico debate que tampoco conduce a ninguna parte. Puestos a abandonarse al esperpento, cabe emplear como unidad de medida del despropósito el número de presidentes portuarios que han pasado por el muelle de Pasajeros desde que aquella camioneta ajustició sin proponérselo a Oleaxe. Son seis. Habrá que ver si con Cores Tourís, que hace el séptimo, recién llegado al puesto, cambia su suerte.

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