La oposición escenifica su desencuentro con Varela plantando la votación del presupuesto

La portavoz socialista responde a las acusaciones de electoralismo y emplaza al resto de las formaciones a que en la siguiente manifestación expliquen a hostelería y comercio por qué no apoyaron las ayudas


vilagarcía / la voz

A cambio de facilitar extraordinariamente las tareas de la gobernación, las mayorías absolutas tienen el inconveniente de convertir en intrascendentes debates que, como el los presupuestos anuales, son piedra de toque de cualquier mandato municipal. De no ser por el motín de ida y vuelta que protagonizaron Partido Popular, En Común, Marea da Vila y Ciudadanos -la oposición en su conjunto a excepción del BNG, cuya ausencia por motivos personales excusó su portavoz, Lucía César Veloso-, la de esta tarde hubiese sido una sesión sin más interés que el de comprobar la habilidad de cada grupo en la defensa de sus propias tesis y el ataque a las contrarias. De ida, porque el resto de formaciones plantaron al gobierno socialista, antes incluso de que se iniciase el segundo turno de réplica, de forma que el PSOE aprobó en solitario las cuentas. De vuelta, porque, consumada la unívoca votación, regresaron al salón de plenos para retomar el orden del día.

Los números del documento eran, a grandes rasgos, conocidos. Un presupuesto de 31.389.955 euros, con una operación de préstamo de tres millones y medio con los que Ravella se propone abordar una amplia nómina de inversiones.

La argumentación gubernativa, asumida por Tania García y en último término también por el alcalde, ya sin la oposición en la sala, partía de un mandamiento que figura en el manual de cabecera del buen socialdemócrata: ante la amenaza de crisis, inactividad y desempleo, inversión pública para reanimar el sistema. Junto a esta inyección económica, un refuerzo en la cobertura social que la portavoz socialista cifró en un millón de euros desde que el puño y la rosa recobró el bastón de mando, en el 2015. Consciente de que no iba a concitar un solo respaldo, García emplazó al resto de formaciones a que «expliquen a hostaleiros e comerciantes por que non apoiaron co seu voto os 300.000 euros de axudas [200.000 directos y 100.000 más en bonos Son da Casa]) na próxima manifestación».

Las críticas comenzaron por David Oliveira, que dejó las cosas claras desde el principio. El portavoz de Cs pidió que las cuentas de hechos consumados quedasen sobre la mesa para abrir una ronda de negociación efectiva con la oposición. Oliveira abrió una línea de ataque -«non participaremos nesta mostra de autoritarismo coa vista posta nas vindeiras eleccións municipais»- en la que quien se aplicó a fondo fue María de la O Fernández. Marea da Vila acusó al alcalde, Alberto Varela, no solo de incurrir en un ejercicio de «absolutismo», sino también de estar construyéndose «un trampolín de formigón cara a outras institucións, porque Vilagarcía lle queda pequena», además de cuestionar varias de las inversiones previstas por Ravella.

Fernández no pudo evitar que García opusiese a su visión cementicia la constatación de que el hormigón es imprescindible para crear una nueva biblioteca, en este caso en la antigua sede del Liceo-Casino, o unas dependencias dignas para el personal de Servizos Sociais. Suso López sí sorteo esta dificultad, censurando no tanto la idea de llevar a cabo tal o cual obra, como el hecho de que no recaigan en empresas de Vilagarcía, sino en una cadena «de subcontratas que acaban traendo traballadores de Portugal». Por ahí transitó también Ana Granja, preguntándose «cuántas empresas de hormigón o aluminio hay en Vilagarcía capaces de asumir una obra de un millón y medio de euros», aunque el PP tiró, en general, de ortodoxia, para recomendar, sencillamente, que no se gaste.

Varela tuvo la última palabra y se dio la oportunidad de relatar un buen número de actuaciones, materializadas y por materializar, subrayando que «é a boa xestión dos traballadores e deste goberno» la que permite al Concello acudir a financiación externa «cando taxas e impostos non se soben, pero si hai máis gastos». Su puerta, aseguró, continuará siempre abierta, «non só dende novembro, senón ao longo de todo o ano».

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