Celebrando su primer año de maternidad a golpe de canastas

Máxima anotadora de la última jornada de la LF2, Sara Gómez repasa su camino de salida y regreso a las canchas y cómo Candela la ha hecho más fuerte todavía


Vilagarcía / La Voz

La del 12 de febrero no era para Sara Gómez una víspera de partido cualquiera. Ese día, la capitana del Cortegada celebraba con los suyos el primer añito de la pequeña Candela, ese ser que llegó para cambiarle la vida y añadir a las muchas facetas de su persona la de madre enamorada. Al siguiente día de fecha tan especial, la base vilagarciana firmaba la mayor anotación de la vigésima jornada de una jugadora en las tres conferencias de la Liga Femenina 2. Una tarjeta de 27 puntos que, sumados a su liderazgo en pista, resultaron cruciales para que su equipo enlazase por primera vez en la temporada dos triunfos consecutivos con un 75-72 en la prórroga ante uno de los conjuntos de la clase media-alta, el Ibaizabal.

La actuación de la semana pasada refrenda la línea ascendente dibujada por Sara Gómez en lo que va de año, y la constatación de que atrás queda ya la lógica e inevitable fase de readaptación de la mejor baloncestista arousana de la historia a la competición, tras más de un año alejada de las canchas para vivir y disfrutar del estreno de su maternidad. Hablamos con Sara de estos dos últimos años, y de cómo la pequeña Candela está haciéndole traspasar fronteras que antes creía infranqueables, dotándola de un nuevo plus en su rendimiento como deportista.

«Quería ser madre desde hacía años», cuenta la capitana del Cortegada. Y en el 2019 entendió que ya tocaba superar esa realidad vivida por tantas mujeres convencidas de lo que quieren que condensa ese «Nunca encuentras el momento». En el 2019 Sara Gómez se dirigió a la directiva del Cortegada para «decirle que quería ser madre y que podría ser en cualquier momento». Al otro lado de la mesa, relata, «fue todo apoyo y ánimo». Buenas palabras materializadas en hechos cuando en el verano de ese mismo año, muy poco tiempo después de que el club anunciase la renovación de su capitana, esta quedara embarazada. Los responsables del Cortegada cumplieron, y Sara siguió formando parte de la plantilla aún sin poder jugar un minuto. Algo de pura justicia que, sin embargo, «en el mundo del baloncesto no siempre pasa», subraya la vilagarciana.

Dedicada a funciones de enlace entre la plantilla y la directiva la pasada temporada, Sara siguió entrenándose hasta noviembre con sus compañeras, al margen de los ejercicios con impactos. A partir de ahí y hasta el parto de Candela «hacía mis 10 kilómetros caminando diarios y mis clases de pilates».

La recuperación física de cara a su regreso esta campaña se alargó. Por dos motivos. El primero, la cesárea que tuvieron que practicarle en el hospital a Sara. «Iba todo bien. Hasta que me dijeron ‘Hay que sacarla ya, tiene taquicardia y te empieza a subir la fiebre'. ¡Fueron cinco minutos horribles!», recuerda ahora con voz calmada la capitana del Cortegada, que se queda con que el personal sanitario «actuó muy rápido» y sumo acierto.

Felicidad en días de pandemia

A la cicatrización de la cesárea se sumó, justo un mes después del nacimiento de Candela, el primer estado de alarma y el confinamiento de la primavera. Un trance que lleva a Sara a concluir que «tuve a la niña en el mejor momento. Si no llega a estar la niña estaría agobiada como mucha otra gente». Por el contrario, ella era «¡Feliz!». Un estado en el que, se nota al escucharla, sigue viviendo.

De los ejercicios en casa dictados por la fisioterapeuta del club, Susana Millán, Sara pasó en julio a añadir las pesas y, un mes antes del inicio de la pasada pretemporada, ejercicios de fuerza bajo la supervisión del preparador físico del Cortegada, David Avilés. Pero, con 34 años recién cumplidos, la profesional que no había parado de competir desde los 11 a los 33 descubrió «dolores que nunca había tenido» cuando volvió a entrenarse en grupo. «Notaba las articulaciones agarrotadas. Me faltaba explosividad. Tenía la sensación de que quería y no podía».

Las Navidades le trajeron a Sara de regalo la inflexión. «En los últimos partidos me encuentro mejor», dice. Su imagen, pero sobre todo su producción en la cancha y su incidencia en el juego de sus compañeras lo atestiguan. Habrá quien diga que ha vuelto la Sara de siempre. Pero «la Sara de siempre no soy», responde la aludida. Ni parece que llegue a volverlo a ser. «Antes iba descansada a jugar. Desde que he vuelto, incluso hubo un par de partidos que fui a jugar sin dormir», desvela. A Candela «las noches le cuestan un poco. Tiene muchos despertares».

Es en este punto donde la maternidad más ha impactado en la dinámica de la Sara baloncestista. «Llegar a los partidos descansada es lo más difícil de compaginar. No depende de ti». Y sin embargo, la necesidad ha descubierto a la jugadora una virtud que desconocía de sí misma: «Al final sacas fuerzas de donde creías que no las había. Siempre las hay». El Cortegada, hasta Navidades un equipo que apuntaba a naufragio, también lo ha aprendido igual de bien que su capitana.

El trance más duro para la capitana, tener que jugar fuera

La plantilla del Cortegada parte esta mañana a las siete con destino a Plasencia, donde a partir de las seis y media de la tarde se mide al tercer clasificado del Grupo A de la LF2, el Extremadura Miralvalle. Un partido endurecido por la seria duda de la participación de Patricia Vicente, lesionada el lunes en una ingle. Será otro de esos malos trances para Sara Gómez, que confiesa que desde que tiene a Candela «lo que más me cuesta es ir a jugar fuera. Lo paso mal».

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