La Fiscalía reclama 77 años por el último alijo atribuido al «Lucky Luciano» de la ría de Arousa

Javier Romero Doniz
JAVIER ROMERO VIGO / LA VOZ

AROUSA

Operación Bodeguilla. 497 kilos de cocaína, en 448 bultos repartidos en mochilas negras, cruzaron el Atlántico, desde Brasil, en el buque Maersk León.
Operación Bodeguilla. 497 kilos de cocaína, en 448 bultos repartidos en mochilas negras, cruzaron el Atlántico, desde Brasil, en el buque Maersk León.

Luciano Núñez, de Vilanova, condenado en la operación Nécora y fallecido el año pasado, habría ideado el plan para colar 497 kilos de coca por Algeciras en el 2016

07 abr 2021 . Actualizado a las 20:19 h.

Media tonelada de cocaína entrando en contenedor al puerto de Algeciras. El perico, camuflado entre zancos de pollo, procedía de Colombia, se envío desde Brasil y fue interceptado en mayo del 2016 en el suelo gaditano. La operación se cocinó a tres bandas entre Galicia, Málaga y representantes, en Madrid, de los proveedores sudamericanos. Finalmente seis acusados, de los ocho investigados inicialmente, irán a juicio. Faltan dos: Christian Muder, que se fugó en el 2018 para esquivar la cárcel; y Luciano Núñez Villanueva, ausente por defunción, conocido también por Lucky Luciano [en referencia al mafioso italoamericano] o Chano. Natural de Vilanova era un histórico entre los históricos de la cousa nosa desde su condena, por narcotráfico, en el macroproceso de la operación Nécora. Un enfermedad acabó con su vida a los 74 años en el 2020 y tampoco será juzgado.

Sí lo harán los otros seis procesados, que afrontan 77 años de prisión entre todos. Rafael Ortega Perea, residente en Málaga, José Castro Lamas, de Baiona, y Juan Ramón Criollo, de Bogotá (Colombia), se enfrentan a 15 años cada uno y multas individualizadas de 168 millones de euros. Un peldaño por debajo se sitúa el vecino de Vigo Ricardo Juan Dacal y el colombiano Jairo Criollo, para los que la Fiscalía pide 10 años y seis meses y 100 millones de euros para cada uno. Por último, y vecino de Ourense, Manuel Fariñas, que afronta 12 años y otros cien millones de euros en multas. El rol incriminatorio atribuido a cada encausado varía y, en conjunto, conforman los mimbres de una organización criminal perfectamente engrasada. 

Inicio

La ausencia de Luciano Núñez, a buen seguro, será recordada e invocada más de una vez durante el juicio, a la espera de celebrarse tras cuatro años de instrucción. El veterano narco -sostiene la acusación del Juzgado de Instrucción número 1 de Vilagarcía, del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la Guardia Civil en Pontevedra, del Grupo de Respuesta Especial para el Crimen Organizado (GRECO) en Galicia y de la Fiscalía Antidroga de Pontevedra- se «encargó de las gestiones iniciales para encontrar un Guardia Civil corrupto que facilitara la entrada de la droga por el puerto de Algeciras». Lo siguiente fue poner en contacto a sus compinches con el funcionario aparentemente corrupto, que resultó ser el hilo para zurcir la investigación.

José Castro y Ricardo Juan son iguales de relevantes en la trama. El primero sería financiador de las importaciones de droga que la organización pretendía llevar a cabo y permanecía en contacto directo con Castro. Este consultaba con él los avances de los contactos que mantenía con los proveedores de la droga colombiana en Madrid, llegando a participar personalmente en más reuniones con otros procesados para concretar los detalles del porte a enviar, valorado en 15 millones de euros. Se constatan igualmente viajes de los acusados a Málaga y Colombia, conversaciones con palabras en clave y medidas de seguridad para cerciorarse de que nadie seguía sus pasos.

Luciano Núñez Villanueva, en los años noventa en Madrid, llegando a una vista judicial de la operación Nécora.
Luciano Núñez Villanueva, en los años noventa en Madrid, llegando a una vista judicial de la operación Nécora. No disponible

El empleado de los Charlines que dio de comer a Saddam Hussein

Luciano Núñez Villanueva integra la primera generación de gallegos condenados por narcotráfico de altos vuelos. Compareció en el juicio de la operación Nécora ya bajo el apodo de Lucky Luciano, por las muchas referencias a su apodo recogidas en el sondo y relevante sumario. También como empleado de los Charlines. Lo condenaron por narcotráfico, pero sus jefes, los mismos para los que traficaba, salieron absueltos. Y él, en un alarde de espontaneidad y comunicación verbal y no verbal, interpretó una mañana ante la sala una biografía a medida, queriendo evidenciar que era una persona que incluso hizo las maletas para ganarse la vida. A Núñez, entonces, lo defendía el abogado Marcos García Montes. Aquel relato, acorde a las posibilidades de los primeros años noventa, se hizo viral. Luciano Núñez confesó que desde mediados de los años setenta trabajaba en los EE.UU. preparando menús en recepciones.

 El Lucky Luciano de la aldea de Tremoedo, en Vilanova, reveló que fue empleado de la Casa Blanca durante los mandatos de Gerald Ford y Jimmy Carter. Juró y perjuró que integraba el equipo que supervisaba los cáterings y menús en recepciones oficiales. Incluso citó actos con el expresidente de Irak, Saddam Hussein, un primer ministro israelí, el shah de Persia o el emperador de Japón. Lo siguiente, tras salir de la cárcel, fue dedicarse, como otros muchos colegas narcos, al cultivo y comercialización del vino. Patentó el nombre mercantil Bodegas Núñez y en el 2012 se declaró en suspensión de pagos y solicitó un concurso de acreedores voluntario. Ese año también, en su casa, recibió una visita pavorosa. Unos ladrones con muy malas formas que, entre otras cosas, utilizaron una pata de cabra para presionar su entrepierna, le golpearon con los puños y la culata de un revolver. El bodeguero, desde el hospital, salió al paso de los comentarios dejando claro que sus captores y ladrones solo querían dinero por su condición de empresario. Añadió que, dada su mala situación económica, se llevaron calderilla, y desmintió, para despejar cualquier duda, que le quemaran los testículos.

Algeciras: la gran puerta de Europa a la droga

Narcos gallegos buscan hacer negocio en Algeciras ante la presión policial en Galicia

JAVIER ROMERO

El crimen organizado evidencia en el puerto de Algeciras que la sangre no es la única prueba de su existencia. Valiéndose de generosas mordidas, su figura en el recinto es omnipresente, aparentemente imperceptible y muda. Y todo ello en el primer puerto de España y del Mediterráneo, el cuarto de Europa y el decimoctavo del mundo, que atornilla las rutas comerciales entre Oriente, Occidente, África y el Viejo Continente. Un vasto flujo de mercancías legales que mueve 7.400 contenedores al día -Vigo, el mayor puerto de mercancías de Galicia, no llega a 600- y esconde toneladas de cocaína procedentes de cualquier país de Sudamérica o Centroamérica. La actividad tampoco cesa en todo el año, ni de noche. 1.800 trabajadores de la estiba se reparten en tres turnos al día para cohabitar con centenares de transportistas que entran y salen a cada hora, decenas de agentes portuarios o funcionarios de las fuerzas del orden (200 de la Policía Nacional y la Guardia Civil y 90 de Vigilancia Aduanera). Un trajín constante que espesa todavía más la turbia cortina de humo que oculta a los narcos que hacen del puerto algecireño la principal puerta de entrada de cocaína en Europa.

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