El covid-19 vacía el cepillo de las iglesias

Con menos misas, sin fiestas y al 30 % del aforo, las limosnas van a menos


vilagarcía / la voz

La pandemia ha vaciado las iglesias y, en consecuencia, los cepillos. Los sacerdotes son reacios a dar cifras, pero sí confirman que el covid-19 le está resultando caro a las parroquias, también en el sentido más economicista del término. Su principal vía de financiación, las limosnas, ha caído en picado. Con las iglesias cerradas durante los tres meses de confinamiento y ahora con aforos reducidos al 50 y al 33 %, dependiendo de las restricciones a que esté sujeto cada municipio, no hay forma de que equilibrar las cuentas. Sea por las limitaciones a la movilidad sea por miedo a contagiarse, el caso es que ha habido un descenso notable en el número de fieles que acuden al templo, y, a menos gente, menos dádivas.

El párroco de Santa Mariña Dozo de Cambados, José Aldao, calcula que la recaudación por este concepto ha caído más de un 50 % en el 2020 y aporta un dato. Su parroquia va a cerrar el año con un déficit de 11.000 euros frente al superávit de años anteriores. Y a la falta de ingresos se suma el aumento del gasto, por ejemplo, en tareas de limpieza y desinfección. Dicen que no hay mal que por bien no venga y, al menos este invierno, se está ahorrando en calefacción debido a la obligatoriedad de mantener ventiladas las iglesias.

El caso es que para pagar la factura de la luz, del agua, las flores y demás gastos ordinarios se hace necesario tirar de los ahorros, y, en este sentido demuestran ser previsores, según informan los sacerdotes consultados por esta redacción. La situación se agravaría si surgiesen imprevistos como averías o que apareciera una gotera en algún tejado, en cuyo caso la hucha no sería suficiente.

El hecho de no pasar ya el cepillo durante la eucaristía -una de las medidas impuestas por el Arzobispado de Santiago para prevenir posibles contagios- retrae a los feligreses a la hora de abrir la cartera. El sacristán o el monaguillo de turno encuentran el saco más liviano de lo habitual, aunque la caridad siempre se puede practicar usando las cestillas que se han instalado a las puertas de los templos.

En Santa Mariña, además, han recurrido a sobres, que se depositan en los bancos para recoger los donativos destinados a Cáritas. El pasado noviembre se recaudaron 1.500 euros por esta vía y el párroco se muestra muy satisfecho. «En Cambados a xente é moi xenerosa, cando se lle pide algo, dáo». Pero sin el multitudinario San Benito del 11 de julio y con solo tres de las seis misas que se celebran los fines de semana, las cuentas no acaban de cuadrar.

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