Vilagarcía, bajo una «vigilancia especial» tras el último brote

s. gonzález / r. estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Martina Miser

Vilanova pasa al nivel básico: hostelería abierta hasta las once y sin cierre perimetral

12 dic 2020 . Actualizado a las 16:12 h.

Se cumplió la previsión. Con una tasa de incidencia a catorce días que baja ya de los cien nuevos casos por cien mil habitantes, Vilanova acaba de ingresar en el club de los municipios gallegos con un nivel de restricciones básico. La medida, que acaba de ser anunciada por el conselleiro de Sanidade, Julio García Comesaña, implica importantes diferencias para la vida cotidiana de los vilanoveses. Para empezar, la hostelería podrá abrir sus puertas hasta las once de la noche, con la mitad de su capacidad interior y el 75 % del aforo en sus terrazas. Se deshace la célebre almendra que formaba con Vilagarcía y se levantan las limitaciones a la movilidad, salvo la obligación de no salir a la calle entre las once de la noche y las seis de la mañana. Por último, el número de personas que pueden reunirse se eleva a seis.

El alcalde de Vilanova, Gonzalo Durán, celebró la noticia, aunque huyó en todo momento del triunfalismo. El cambio de situación, explicó, significará, dijo, que «no estamos encerrados, nos podemos mover libremente por toda Galicia, menos a los ayuntamientos que están en una situación peor». Además, «pueden abrir los establecimientos de hostelería hasta las once de la noche, que era lo que decían ellos que necesitaban para cubrir gastos... A ver si podemos aguantar así todas las Navidades y salvar la hostelería al menos la temporada navideña», señalaba el regidor popular.

Vilagarcía, que formaba con Vilanova una almendra perimetrada, se ha quedado ahora sola, agudizando la travesía del desierto del comercio local. La progresión de la capital arousana, que mejoraba a buen ritmo, se ha visto truncada por la aparición de un nuevo brote, que no solo ha desbaratado los planes de rebaja de las restricciones, sino que ha colocado también a la ciudad en un grupo de concellos sometidos a una «vigilancia especial», que podría derivar en nuevos recortes de actividad, movilidad y aforos. Todo dependerá de cómo evolucione el número de contagios en los próximos días.

De momento, la cosa no pinta bien. La capital arousana, presentaba ayer el peor registro de la segunda ola de la pandemia, alcanzando los 105 casos activos. Además, 438 personas, consideradas de contacto estrecho con los contagiados, permanecen en seguimiento sanitario.

La situación no varía en el resto de localidades de O Salnés y el Baixo Ulla. Sanxenxo, O Grove y Cambados siguen con restricciones máximas; en nivel medio-alto, Vilagarcía y la almendra formada por Meis, Meaño y Ribadumia. En el nivel básico se encuentran, además de Vilanova, Catoira, Pontecesures y Valga.

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Están al otro lado de la frontera, fuera de esas almendras perimetradas que llenan el mapa de Galicia en esta extraña preNavidad. Pero hasta los locales de hostelería que se han librado de las restricciones más severas están deseando recuperar la normalidad perdida en marzo. Porque, para ellos, esta temporada tampoco está siendo fácil.

En algunos casos, porque el cierre de ayuntamientos próximos los ha dejado con menos clientes que de costumbre. En Catoira, hay establecimientos que acusan un descenso del 50 % de sus ventas anuales. «Dinme que teño sorte de estar aberto. ¿Sorte de que? Teño a porta aberta, pero o único que fago é vir perder o tempo», se lamenta un empresario catoirense del sector de la hostelería. Algunos de sus compañeros tienen más suerte. «Nós a maior parte dos clientes que temos son da zona de Isorna e da Baqueriza, e eles poden seguir vindo porque Rianxo non está pechado. De traballo andamos máis ou menos coma sempre», explican desde otro local.

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