meis / la voz

Ahí al lado están las cosas más increíbles. Solo hace falta interés en sacarle el polvo que a veces las recubre para sacarlas a la luz. Manuel Romay es de Paradela y está convencido de que su parroquia tiene un potencial extraordinario para atraer a ese turismo que busca salir de lo corriente. Está convencido y es el guía para demostrarlo. La prueba: una ruta circular que permite en solo 6,5 kilómetros disfrutar de muíños, castros, piedras mágicas, pazos y hasta de aquella playa fluvial que Mariano Rajoy elevó a la fama.

Arrancamos acercándonos a la Pedra Abaladoira. Uno de esos prodigios de la naturaleza que permiten que con una mano, si se presiona en el lugar correcto, pueda hacer que bambolee una roca colosal. Apenas a unos cientos de metros de allí nos encontramos el castro da Croa. No es fácil de ver, porque está tomado por los eucaliptos, pero sí damos una pista sí que más gente lo podrá ubicar: está en la cima de ese maravilloso escenario natural donde los vecinos de Paradela hacen sus escenificación cada Semana Santa. Y, al lado del castro, un bosque de madroños espectacular. Todo oculto entre tojos y eucaliptos, aunque no se sabe si eso es bueno o malo, porque ayuda a protegerlos de visitas inadecuadas.

Seguimos ruta y topamos con la Casa dos de Ferro, una de las espectaculares casas señoriales de la zona. Una de ellas porque no es la única y cerca de allí, de nuevo, y para, quien guste, también puede quien quiera acercarse hasta la iglesia de Paradela, que conserva su aire románico.

Poco después llega una de las grandes sorpresas de la ruta. Sorpresa porque el entorno es, sencillamente precioso. Allí, a la vera del río Cañón (afluente del Umia), encontramos los muíños de arriba. Hay uno encima de otro y se puede ver como discurría el agua entre uno y otro. En el río, uno de los atrancos construidos para guiar el agua hacia los muíños de abaixo. El agua, cristalina, y el paisaje espectacular. Y ya metidos en el agua llegamos hasta la playa de As Seixas, ese arenal, porque tiene arena en su orilla, que Mariano Rajoy llevó a la fama con su baño sabatino de hace unos años. Y le gusta también a los jabalíes, según se podía ver por sus huellas. Es en la zona donde el Umia hace un meandro espectacular. Contaban Manuel y José Manuel, que también hizo de guía en la ruta, que hace muchos años un puente colgante unía allí justamente las dos veras del Umia. Un cable metálico engarzado en el tronco de un árbol es el único vestigio.

Prácticamente al lado de la playa aparecen otras formaciones rocosas espectaculares. Es el Con dos Mouros. También tomado por los eucaliptos es cada vez más difícil llegar hasta él y, desde luego, imposible soñar con encontrar el tesoro que dice la leyenda que guarda bajo él.

Y, para acabar, una de pazos. El de Señoráns es de visita obligada para los aficionados al vino y forma parte de la ruta, pero hay alguna joya más mucho más desconocida y a la que también le están pesando los años, el pazo da Granxa.

Seis kilómetros y medio, en suma, llenos de sorpresas para una ruta circular que tiene todos los ingredientes para triunfar como referente. Manuel está empeñado en que así sea. Falta que su empeño encuentre ayuda.

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Todo un mundo en solo seis kilómetros y medio