Danza de tierras y cenizas del mundo

De alguna forma, su obra emerge de la fragua de la fundición familiar. De la escultura al cuadro, Elías Cochón Rey hace convivir sobre el lienzo caolín del puerto del Manzanal con arenas de la India o Sudáfrica


vilagarcía / la voz

Durante largo tiempo, Elías Cochón Rey (Vilagarcía, 1966) trabajó obsesionado por los fractales, esas secuencias geométricas de apariencia caótica que, sin embargo, acaban repitiéndose de forma regular y a las que tan aficionada es la naturaleza. Aquella intuición, que el escultor arousano percibía en un tramo de costa, en una cadena de montañas, en un río, en el paisaje finlandés, que le fascina, constituye la fuente de inspiración de buena parte de su obra reciente. Elías recibe a sus amigos en su vivienda-taller de Bamio. Fuera, el viento y la lluvia azotan las estudiadas cristaleras que proporcionan a este espacio una luz limpia y poderosa pese a la tarde gris que acecha tras ellas. «Miras, e miras, e todo son recortes, recunchos, semella que carecen de senso, pero é a natureza a que lle dá o ton e tamén o son. Ao cabo, alimentámonos do que vemos», reflexiona el creador, instalado en un momento de impecable madurez.

El Elías volcánico que se esforzaba por doblegar las tres dimensiones de la escultura a su personal visión de la cosas ha dado paso a un artista que encuentra en el lienzo, de algodón o lino, la tabla rasa sobre la que plasmar ideas cada vez más limpias, sin que la sencillez implique menor esfuerzo. Todo lo contrario; extraer de cada rasgo su máximo potencial expresivo exige un trabajo ingente. «Un dos grandes atractivos que atopo no traballo cos cadros é a capacidade de que sobre un mesmo lenzo poidan convivir un caolín do porto do Manzanal, en León, cunha area da India ou de Sudáfrica; é algo que me fascina. E, por suposto, é certo que co paso do tempo empezo a notar es quietude, esa pausa que, no fondo, dá pe a outra fase na túa arte, e niso consiste a evolución, non?».

Por supuesto, hay cuestiones que no cambian. El método, riguroso y eficaz como el engranaje de un reloj suizo. «Cando visualizo unha idea, busco a forma de poder materializala e os medios precisos para conseguilo». En caso de dudas surge el recurso al cuaderno de dibujo, que siempre está a mano.

Sean dos o tres las dimensiones sobre las que opere, bajo la obra de Elías Cochón Rey sigue ardiendo la fragua, el poso de la saga de fundidores a la que pertenece (la suya es la tercera generación al frente de Fundiciones Rey, en marcha en Vilagarcía desde 1944). «A fundición marca, sen lugar a dúbidas. É un atelier que non ten comparación. Creo que todo o mundo que se dedique a este tema debería pasar por alí, a experiencia dos baleirados, do moldeo, mesmo a presenza do lume. A cuarta dimensión entra aí; alzado, planta e perfil, pero tamén fondo. Para pensar no baleiro tes que pensar do revés, dende dentro cara a fóra», sostiene el creador, que recomienda la exposición que Silverio Rivas defiende en la Casa das Artes de Vigo, por mucho que el covid haya condicionado, también, el acceso a la experiencia estética. 

La conversación continúa mientras Elías manipula unas tallas en grafito sobre un lienzo de algodón al que le ha aplicado arena de sílice. A sus pies, tres recipientes con ilmenita de Sudáfrica, olivino de Noruega y garnet de la India. La danza de las tierras y las cenizas del mundo prosigue a un paso del lugar en el que el río Ulla vierte sus aguas en el mar de Arousa.

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