La vida del revés a los 17 años

Clases hasta las diez de la noche, menos tiempo para estudiar, música y deportes en el alero, y la EBAU que no perdona a nadie. Así les ha cambiado todo a estas alumnas de 2.º de bachillerato

Si sus ochocientos alumnos tuviesen que disponerse en fila guardando una distancia de seguridad de metro y medio, la cola en el instituto Castro Alobre de Vilagarcía alcanzaría una longitud de kilómetro y medio. El instituto Francisco Asorey de Cambados no le va a la zaga. Son, con toda probabilidad, los dos centros educativos más saturados de O Salnés. Tal vez no hubiese importado demasiado hasta ahora, más allá de ciertas estrecheces, pero las exigencias de prevención frente al coronavirus han obligado a los alumnos de 2.º curso de bachillerato a poner el ritmo de sus vidas del revés para poder asistir a clase de forma presencial. Solo por la tarde, con horarios que comienzan a las tres y rematan cerca de las diez de la noche. Y para darse con un canto en los dientes, porque la alternativa consistía en acogerse a una fórmula semipresencial, en semanas o días alternos y el resto en casa, a la que sí se están viendo sometidos la mayoría de los estudiantes de ciclos de formación profesional en la comarca. A estos chavales de 17 años, cualquiera de sus hábitos, sus ciclos vitales, se les han dado la vuelta como un calcetín.

Loaira rodríguez, instituto castro alobre

«A nivel académico es muy estresante» «A mí me ha afectado incluso a niveles de conciliación, porque siempre comía con mis padres. Ahora tengo que hacerlo antes, y al llegar casi a las diez casi ni los veo». Loaira Rodríguez Núñez cursa segundo en el Castro Alobre. Si las cosas van bien en la EBAU, le gustaría estudiar Psicología en Santiago. De momento, el cambio de horario le parece algo «horrible», directamente. «A nivel académico es estresante, porque las horas de estudio no son las mismas y además todas las actividades que tenía por las tardes las tengo que hacer por la mañana». Clases de refuerzo de matemáticas, inglés o lengua que ahora debe encajar por las mañanas. «Tengo cuatro horas de trabajo por la mañana y seis por la tarde, no hay forma de poder descansar», lamenta. Tampoco de ver un rato a los amigos. «No vas a salir de clase a las nueve y media y juntarte con ellos; estás cansada de estar todo el día en actividades y solo quieres llegar a casa». Todo ello, frente a un curso decisivo que marcará su futuro.

Manuel abalo, academia manuel abalo

«No puedes dejar a tus alumnos tirados» Este trastoque de los horarios en el instituto arrastra a academias, conservatorios, escuelas de música y clubes deportivos, que buscan la forma de acomodar a los alumnos afectados, si es que pueden permitirse continuar en este tipo de actividades. «Claro, yo la he cambiado para un horario de mañana porque lo primero son los chavales y no tienes más remedio que adaptar tus ritmos y tu vida a tus alumnos, no vas a dejarlos tirados», comenta Manuel Abalo desde el centro de inglés que dirige en Vilagarcía. La chica a la que se refiere es, precisamente, Loaira. Manuel está convencido de que, como mal menor, hubiese sido más sensato que fuesen los alumnos de 1.º de bachillerato quienes se pasasen a las tardes. «También es un curso importante, pero es que los estudiantes de segundo se están jugando la EBAU a final de curso y esto no es de recibo». Una compañera, que imparte enseñanzas de ciencias, también ha tenido que reestructurarlo todo: «Los institutos han hecho lo que han podido; al final tenemos que estar al servicio de los alumnos».

 eLIA PONTANILLA Y LIDIA SILVA, INSTITUTO FRANCISCO ASOREY

«As mañás pasan moi rápido para os estudos» Elia Pontanilla Moldes y Lidia Silva Chaves hacen segundo en el instituto Asorey. También ellas deben acudir a clase por las tardes. Los lunes y los miércoles, de 15.30 a 21.50 horas. «Moita vida social non temos, pero, para nós, o problema principal son os estudos, porque as mañás pasan moi rápido e polas tardes, entre que chegas a casa e estudas unha hora, vas a cama ás doce e ás nove xa tes que estar arriba».

Su vida escolar se ha ajustado desde siempre a los ritmos de la mañana. No parece justo que estos chavales tengan que enfrentarse a un cambio así en un curso como este. «Pero preferimos este horario á semipresencialidade e agradecemos moito o esforzo que fixeron os profesores e o instituto por levalo adiante». Si la nota de la EBAU se lo permite, Elia estudiará el doble grado de Educación Infantil y Primaria con especialidad en Inglés. Juega en el XAV, el club de voleibol que compite en primera división gallega, y la alteración de horarios no le permite entrenar con normalidad. «Teño sorte de poder ir algún día, porque hai compañeros que tiveron que deixar todas as súas actividades». Lidia duda entre Biología y Psicología. De momento, ambas se centran en la preparación de un selectivo más complejo que nunca, ante el que no dejan de surgir problemas. Para muestra, un botón: el transporte escolar.

Sin transporte escolar

Los alumnos de bachillerato no tienen derecho a emplearlo, salvo que los autocares tengan plazas libres. El problema, claro, es que quienes han sido trasplantados a las tardes ni siquiera tienen esa opción, porque los buses, sencillamente, no circulan. «Ao Asorey veñen rapaces de Vilariño, de Castrelo, de Portonovo, de Barrantes, e teñen moitas dificultades para que os seus pais poidan compaxinar os seus horarios laborais e traelos a clase».

No es extraño que un grupo de familias del Castro Alobre exijan alternativas. Tampoco que el consello escolar del Asorey se haya dirigido a la consellería para reclamar que se busquen las medidas, los refuerzos y los espacios que sean necesarios para que, no solo los estudiantes de bachillerato, sino también los de ciclos formativos, recobren un horario normal, por la mañana. Hay demasiado en juego para que paguen ellos los platos rotos.

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