Clímax II, la extraña planeadora fantasma cazada en Vilanova, reposa en O Cavadelo

La embarcación, de fabricación propia, permanece en Vilagarcía mientras la Guardia Civil prosigue una investigación sobre la que pende el secreto de sumario


vilagarcía / la voz

Hubo un tiempo en el que la dársena de O Cavadelo era lo más parecido que podía encontrarse en Galicia a los pantanales que Sonny Crockett y Ricardo Tubbs patrullaban en una Miami televisiva repleta de corrupción y americanas con hombreras. Las grandes planeadoras con las que el contrabando de tabaco, primero, y de cocaína, más tarde, surcaban la ría solían acabar en el puerto de Vilagarcía en cuanto las fuerzas de seguridad les echaban el guante a sus pilotos y a su carga. Todo lo que rodeaba el negocio resultaba entonces un tanto más estrepitoso. Hoy es difícil observar alguna de aquellas poderosas embarcaciones que atraían a los curiosos por decenas, pero ya se sabe que no hay norma sin excepción. Cualquiera que se deje caer por el parque de O Centenario o recorra el muelle de Pasajeros podrá contemplar en el agua una lancha de buenas proporciones y extraña factura. Es la Clímax II, la planeadora fantasma que la Guardia Civil interceptó en la rampa del puerto de Vilanova a finales de agosto.

El juzgado que dirige las investigaciones ha decretado el secreto de sumario sobre ellas, por lo que poco ha trascendido sobre aquel extraño episodio, más allá de la detención de los dos individuos que trataban de mover la Clímax II con un remolque ridículo para su volumen y un cuatro por cuatro que tampoco podía con ella. Días después, ingresaron en prisión provisional, comunicada y sin fianza mientras la embarcación que precipitó su caída era trasladada a la dársena de Vilagarcía, donde espera que las pesquisas avancen. De ellas se encarga el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la Comandancia de la Guardia Civil en Pontevedra.

Lo ocurrido en Vilanova hacia las tres de la mañana del 27 de agosto no fue fruto de una operación al uso, sino de la escena extravagante con la que una patrulla de la Guardia Civil del puesto de Vilagarcía se dio de bruces mientras realizaba una ronda de vigilancia. Los agentes observaron cómo dos sujetos manipulaban una planeadora de gran tamaño e inmediatamente se dirigieron a ellos. Uno, con iniciales L. M. U. G, quiso escabullirse a la carrera, pero fue detenido poco después. Su compinche, L. J. M., un hombre de origen sudamericano, se arrojó al mar y consiguió ganar el primer polígono de bateas. Allí, sobre una mejillonera que había alcanzado tras nadar la nada despreciable distancia de mil metros, fue detenido por una patrullera del instituto armado. 

Acusados de contrabando

Merece la pena echarle un ojo a la planeadora en cuestión. Al margen de su llamativo color blanco, en absoluto discreto si lo que conviene es pasar desapercibido, se trata de una especie de híbrido con unos doce metros de eslora, que parece combinar un casco profundo con las cámaras de flotación de una planeadora semirrígida y el puente de un pesquero. El artefacto carece de folio de registro. Y, aunque los agentes no hallaron ni un gramo de mercancía en su interior, la simple posesión de una embarcación semirrígida con una eslora superior a los ocho metros y sin documentación vulnera el real decreto ley 16/18 que combate la utilización de lanchas rápidas para el movimiento de tabaco, hachís y cocaína. De momento, sobre los dos individuos que la operaban recae una acusación por delito de contrabando.

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