Dos ballenas azules regresan a alimentarse a Galicia en dos años consecutivos

Nunca se había documentado este fenómeno en aguas continentales europeas

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Una ballena se da un festín de kril entre Muros y Corrubedo Acudió hasta este punto en la costa gallega atraída por un gigantesco banco de este crustáceo tal y como lo acreditan las imágenes grabadas por Ricardo González, ocho veces campeón gallego de pesca submarina.

o grove / la voz

Dada la reputación gastronómica del país, va a ser complicado que no se hagan un par de chistes a cuenta de este asunto. Pero el dato es certero, está comprobado científicamente y redefine el papel del mar de Galicia dentro de las rutas oceánicas que los grandes cetáceos trazan alrededor del planeta. La ballena azul, el animal más grande que jamás haya existido, encuentra en las aguas exteriores de las Rías Baixas no una zona de transición hacia otros destinos, como se pensaba hasta ahora, sino un caladero en el que poder alimentarse. Nunca antes se había documentado, en ningún punto de la costa continental europea, que un mismo ejemplar de balaenoptera musculus, su denominación formal, retornase en años diferentes a un lugar concreto. El Bottlenose Dolphin Research Institute acaba de hacerlo en el litoral galaico, y además, por duplicado.

Bruno Díaz, doctor en Ecología, biólogo y director del instituto internacional que trabaja desde O Grove, explica que a lo largo de esta semana su equipo ha estado analizando el ingente material fotográfico tomado durante un verano excepcional por el número y la calidad de los avistamientos frente a las Rías Baixas. «Nos fijamos en las aletas del cuerpo, con sus manchas particulares y una coloración muy específica. Son características únicas que nos permiten reconocer el ejemplar del que se trata, como la foto del pasaporte de una persona», explica. La comparación con los catálogos que conforman el archivo del BDRI proporcionó la sorpresa: «Dos de los ejemplares que avistamos en septiembre estuvieron aquí, uno en agosto del 2018 y otro en julio del 2019, y es la primera vez que se registra que se aproximen a la costa continental de Europa en años consecutivos; todo un hito».

El equipo de Díaz publicará en breve una serie de artículos que confirman que Galicia «no es simplemente un corredor de cetáceos, no por lo menos para la ballena azul y el rorcual común, que se alimentan de plancton y permanecen en nuestras aguas mientras el alimento esté presente, desde julio a finales de octubre. Es un período largo, la tercera parte del año, en el que estas especies en peligro de extinción viven en nuestras aguas».

El atractivo de la costa gallega es el mismo que explica la riqueza natural de las Rías Baixas y lo fría que está el agua en verano: el afloramiento oceánico, las aguas que ascienden desde las profundidades del Atlántico y renuevan las rías, cargadas de los mismos nutrientes que apasionan a las ballenas, cuya principal fuente de alimento es el kril, un diminuto crustáceo que, a su vez, se sustenta de fitoplancton. «El afloramiento en Galicia es uno de los más importantes del mundo, comparable al que se produce en la costa de California o en determinadas zonas de África», matiza el biólogo gallego. Un fenómeno que, por cierto, también se ve amenazado por el calentamiento global y el excesivo depósito de CO2 en los océanos.

Este, añade Díaz, constituye el primer paso para investigaciones más complejas. Averiguar, por ejemplo, qué papel desempeña la memoria en el comportamiento de la ballena azul: «Estudios de compañeros de California apuntan a que utilizan la memoria para decidir adónde ir cada año; eso quiere decir que estos ejemplares tuvieron aquí una buena experiencia, que los hizo repetir y tal vez regresar en el futuro». También determinar cuál es el siguiente destino de estos titanes: «Son grandes especies migratorias y estamos estudiando de dónde vienen y adónde van. Hemos confirmado, junto a grupos de investigación noruegos, que varios de los ejemplares que nos visitan proceden de las Azores, pero no hemos constatado aún que alguno haya sido avistado después en otra zona».

Un símbolo del ecologismo, que puede vivir cien años

 

Los hallazgos del Bottlenose Dolphin Research Institute se sostienen sobre miles de kilómetros de navegación y cientos de horas dedicadas al análisis de fotografías, vídeos, estadísticas sobre comportamiento, modelos ecológicos y muestras oceánicas y satelitales a lo largo de más de cuatro años de trabajo. El instituto cuenta con el respaldo de la Fundación Biodiversidad, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, un apoyo que hace posible el desarrollo del proyecto Balaenatur, cuyos resultados están siendo excepcionales.

«La ciencia -argumenta el investigador gallego- ha de estar al alcance de toda la sociedad, para que pueda descubrir la enorme riqueza y belleza de la biodiversidad marina que la rodea, y tomar medidas adecuadas para la conservación de las especies amenazadas». La ballena azul es, probablemente, el mayor símbolo de esta lucha. Las primeras restricciones a la caza indiscriminada que la condujo a un paso de la extinción datan de los años 60 del siglo pasado, pero España se incorporó tarde a la prohibición, y el último ejemplar fue abatido en las aguas de Galicia en 1985. «Las ballenas azules pueden vivir hasta cien años y no alcanzan la madurez sexual hasta los diez; obviamente la caza las alejó de nuestras costas durante mucho tiempo, así que podemos estar hablando de que nos estén visitando generaciones completamente nuevas», apunta Díaz.

En términos de volumen y masa corporal, el rorcual azul, como también se le conoce, es el animal más grande del que jamás se haya tenido constancia, con una longitud que puede alcanzar los treinta metros y un peso de 170 toneladas. «Todavía no sabemos dónde se reproducen, ni siquiera si viajan en solitario o en grupo, porque tanto su escala como la de los océanos exceden en mucho la humana, claro, y su sistema de comunicación les permite estar en contacto a muchísima distancia». Este verano, se han aproximado a una milla de Sálvora. Muy, muy cerca.

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