El covid-19 y los bancos alteran la dinámica de la Lotería de Navidad

El parón de actividad en clubes y sociedades retrasa la compra de décimos


vilagarcía / la voz

A estas alturas del año, cualquiera de nosotros ya habría sido asaltado por algún chaval para cambiar cinco euros por una papeleta de lotería que suele acabar en la papelera el día 23 de diciembre tras repasar un par de veces esas pedreas que siempre le tocan al de al lado. Este año, no. El covid-19 ha atacado también a este sector, aunque de forma indirecta. La falta de actividad de muchos clubes y asociaciones ha hecho que muchos de ellos ni siquiera se hayan planteado esa vía para conseguir algún ingreso extra más, cuando las botas de fútbol llevan meses guardadas en el armario.

Cierto es que no es solo el covid-19 el asunto que ha golpeado la puesta en funcionamiento de las típicas participaciones navideñas. Las reticencias de varias entidades bancarias a actuar como depositarios de los décimos eleva la dificultad, y el riesgo, de las entidades para apostar por esta vía, puesto que se complica sobremanera el pago de los premios. «Muchos están aún a la expectativa de lo que pueda suceder con el deporte y pensado cómo hacer ante la negativa de los bancos. Ahí sí que notamos un bajón», dice María Abalo, de la administración número dos de Vilagarcía. Opinión que comparte Carlos Cores, de la número 4 de la localidad vilagarciana.

El lotero de la rúa San Roque apunta también a la incertidumbre que genera la pandemia como freno a la hora de vender décimos para Navidad. «El sorteo se va a celebrar seguro. Si no pudiera ser el día 22 sería otro, pero se celebrará», explica Cores. Y el mejor ejemplo para refrendar esto es lo que ha sucedido durante el confinamiento. En esas oscuras semanas no hubo sorteos de lotería, pero la dinámica se recuperó tan pronto como se fue regresando a la normalidad.

Por lo demás, el verano no ha ido demasiado mal en la administración que regenta María Abalo. La afluencia de visitantes ha sido buena en la zona y eso se ha notado también a la hora de la venta por ventanilla, sostiene Abalo. «Las ventas de décimos en verano no han ido mal porque los turistas se han animado bastante», apunta.

Más allá de que las ventas se animen en los tres meses que quedan con la apuesta de los particulares, lo cierto es que el parón con las participaciones hará un notable daño en muchas de la administraciones. Y, encima, los supersticiosos que afinaban a la hora de elegir décimo para comprarlos donde se hubiera producido algún tipo de desgracia, este año lo tendrán muy complicado, porque la pandemia ha hecho estragos por todos lados.

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