Pardela capirotada, el ave que viaja diez mil kilómetros para alimentarse en Galicia

La especie fue avistada por el instituto BDRI en las aguas exteriores de las Rías Baixas


vilagarcía / la voz

Se llama pardela capirotada y cada año protagoniza un formidable viaje a través del Atlántico. Esta particular ave, que se alimenta de peces que habitan las aguas superficiales y ocasionalmente de cefalópodos, abandona su área de cría, ubicada en torno al archipiélago de Tristao da Cunha, en el extremo sur del océano, para recorrer diez mil kilómetros y visitar zonas ricas en alimentación, como los mares de Galicia e Irlanda. El Bottlenose Dolphin Research Institute (BDRI), que investiga la presencia de ballenas, delfines y marsopas desde su sede en O Grove, acaba de avistarla en las aguas exteriores de las Rías Baixas.

El encuentro tuvo lugar la semana pasada, a lo largo de una de las expediciones que el instituto lleva a cabo dentro del proyecto Balaenatur, que el BDRI desarrolla con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, y se centra en el estudio de la ecología y comportamiento de delfines, ballenas y marsopas en las aguas gallegas. «Lo cierto es que normalmente vemos a la pardela capirotada un poco más tarde, en septiembre u octubre, así que este año se ha adelantado un poco», explica Bruno Díaz, director y fundador de la entidad meca. Se trata, añade Díaz, de una excepcional viajera oceánica, que descansa en la superficie del mar y debe retornar al sur del Atlántico para reproducirse. De esta forma, su vida transcurre, en buena medida, en un constante ir y venir entre el norte y el sur del planeta. «Su presencia se relaciona con las aguas frías y las zonas productivas, así que, si hay alimento, van a estar aquí, y probablemente continúen subiendo», indica el biólogo. Su presencia fue detectada en mar abierto, más allá de las Illas Atlánticas.

Por cierto, que su punto de origen merece un comentario. La isla central, que da nombre al archipiélago, es el territorio habitado más remoto del planeta, situado a 2.713 kilómetros del lugar habitado más próximo: la isla de Santa Elena. De titularidad británica, apenas 270 personas viven en Tristao da Cunha, adonde solo es posible llegar en barco. La propiedad de la tierra es comunal y ningún foráneo puede asentarse en ella. Un enclave excepcional que añade un punto de interés a la visita de la pardela.

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