La sangría que no para: 1.123 muertes más que nacimientos en tres años

La comarca registra por segundo año un saldo vegetativo negativo de 400 vecinos


vilagarcía / la voz

La demografía arousana no para de desangrarse. Y lo hace por su arteria femoral, la que irriga unas extremidades inferiores cada vez más desnutridas, bajo la amenaza de colapso y postración. El saldo vegetativo, esto es, la relación entre el número de nacimientos y defunciones a lo largo de un determinado período, no solo se ha generalizado en negativo entre la totalidad de los once municipios de la comarca. Además, no ha parado de acelerarse en los tres últimos años, dibujando una dinámica dramática condensada en una funesta cifra: 1.123 muertes más que nacimientos en la zona en la suma del período 2017-19.

En el 2014 el saldo vegetativo del Baixo Ulla y O Salnés arrojaba un balance negativo de 173 óbitos más que alumbramientos, cantidad que se elevó a 264 un año después para reducirse a 249 en el 2016. Lo que podía aparentar un prometedor punto de partida, con el inicio de la consolidación de la salida de la gran crisis del 2008 como argumento para ilusionarse con una subida de la natalidad, acabaría resultando un espejismo. El saldo vegetativo de la suma de los once concellos de la banda sur de la ría concluyó el 2017 con 307 decesos más que los nacimientos computados, con una subida de prácticamente el 33 % en los doce meses siguientes, con un saldo vegetativo de -407. Los datos provisionales sobre la materia publicados el pasado viernes por el Instituto Galego de Estatística (IGE) hablan de que la diferencia, negativa, fue de 409 el año pasado.

Por primera vez desde que se dispone de este tipo de datos el IGE constata un saldo vegetativo negativo por encima de 400, y en dos años consecutivos. Un fenómeno demográfico en el que inciden tanto la bajada de nacimientos, 736 en 2017, 700 en 2018 y 690 en 2019, como de decesos, 1.043 y 1.107 en las dos primeras anualidades, con un ligero descenso el año pasado, a 1.099.

Un auténtico drama en media zona, con cinco concellos en caída libre al menos un cuarto de siglo

El saldo vegetativo negativo es un mal que aqueja a los once concellos del Baixo Ulla y O Salnés. Pontecesures, el único que se había mantenido al margen salvo anualidades puntuales, parece haber entrado en la misma espiral que el resto de sus vecinos, tras encadenar por primera vez dos ejercicios con más muertos que nacidos, 17 y 5 en 2018 y 2019, respectivamente.

La feliz noticia de que Ribadumia figure entre los cinco únicos municipios en Galicia con más alumbramientos que óbitos el año pasado, 2, no empieza a compensar ni de lejos su comportamiento en materia de saldo vegetativo en los últimos 28 años, con tan solo cinco en positivo y sin variación en uno de ellos, con 194 muertos más que nacidos desde 1992.

Y es que Ribadumia forma parte de esa mitad de la comarca donde el fenómeno que nos ocupa se ha consolidado como un drama. Con Vilanova a la cabeza, encadenando 27 años, desde 1993, de saldos vegetativos negativos, sumando 943 óbitos más que alumbramientos en ese tiempo. Con Meis, con la mitad de la población de Vilanova, a un nivel similar: Un único incremento de 10 (2004) en su serie de los últimos 32 años, saldada con un -561. Catoira cae desde 1994 con un diferencial de -303 y solo dos respiros, en 2001 (0) y 2004 (+1). Y Valga enlaza 17 anualidades en negro, con -317 desde 2003, y solo dos ejercicios positivos en el período 1996-2002.

Los últimos en entrar en esta espiral de crecimiento vegetativo negativo consolidado, Cesures al margen, fueron Meaño y O Grove, hace 9 años, tiempo en el que acumularon 164 y 266 muertos más que nacidos, Vilagarcía, hace 8, con -519, 294 en los dos últimos años, A Illa, 7 años (-109), y Cambados, hace 5 años (-168).

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