Un verano para gozar de la naturaleza y la cultura sin salir de la provincia

Pontevedra concentra un sinfín de atractivos que merecen ser explorados con calma


vigo / agencia

La provincia de Pontevedra tiene 52 playas de bandera azul, pero hay muchísimas más de arenas finas, aguas limpias y escasas aglomeraciones. Por ello se convierte la provincia en una atracción para el turismo, que este año se espera de cercanía. Si nos situamos en la ría de Arousa encontramos A Lanzada y sus dos kilómetros y medio de longitud que, con los arenales de Areas Gordas y Lapa, ofrecen espacio de sobra para un baño de sol y de mar sin problemas de distancia interpersonal. Las calas que se suceden hacia San Vicente y las que jalonan el perímetro de A Illa de Arousa son una opción excelente para quienes busquen un ambiente más íntimo. As Sinas y O Terrón, en Vilanova, y O Preguntoiro, A Concha-Compostela (con el tren a un paso) y O Campanario, en Vilagarcía, tampoco se quedan atrás.

Sanxenxo y Marín ponen en marcha métodos para controlar el aforo en sus arenales con bandera azul. En caso de Sanxenxo, se parceló la playa más concurrida, Silgar. Además, habrá acomodadores en los arenales y también se vigilará el aforo con drones. En Marín, se podrá consultar la ocupación con una aplicación informática (que mide la ocupación en tiempo real) en las playas de Portocelo, Mogor, Aguete y Loira. Pero también hay playas intimas en esta ría, como las calas que hay desde Beluso hacia Cabo Udra, en Bueu.

Y en la ría de Vigo, el turista puede escoger entre «la mejor playa del mundo», tal como calificó Rodas el diario The Guardian, los escondidos arenales de O Morrazo o la popularidad de Samil o Playa América, en Nigrán. La ría de Aldán es especialmente privilegiada en arenales, con maravillas como Castiñeiras. De hecho, Amancio Ortega elige este espacio marítimo para fondear su yate todos los veranos.

Rico patrimonio

La provincia tiene un rico patrimonio cultural que recorre siglos de historia y prehistoria. En Campo Lameiro está el parque dedicado al arte rupestre, perteneciente a la Xunta de Galicia, pero todo el territorio es un continuo de restos de épocas variadas.

En Lalín, por ejemplo, destacan el pazo de Liñares, el Museo Ramón Aller y el Museo Casa do Patrón en Doade. En A Estrada, está el pazo de Oca, que alguien bautizó como el Versalles gallego.

Los amantes de las caminatas disponen de un clásico en la Ruta da Pedra e a Auga, que asciende hacia el monasterio románico de Armenteira, una joya del patrimonio arquitectónico arousano. La Variante Espiritual del Camino de Santiago recorre estos mismos parajes. No tan conocida, la senda de los molinos de Meaño también constituye una magnífica alternativa. Remontando el Ulla se abre otro paisaje intrépido, protagonizado por las Torres de Oeste de Catoira, en lugar que frenó a los invasores vikingos, la playa fluvial de Valga o las fervenzas de Xanza. Otra referencia cultural de la zona es el Náutico de San Vicente con sus singulares conciertos a pie de playa.

Las zonas antiguas de Cambados, Pontevedra o Tui tampoco deberían pasar desapercibidas para los visitantes. Las tres además complementan el atractivo cultural con una buena oferta gastronómica.

Vigo, por su parte, oferta una amplia red museística que incluye el Museo do Mar de Galicia, situado en un lugar privilegiado. Durante todo el verano, la terraza del auditorio Mar de Vigo acogerá conciertos acústicos para 200 personas de artistas importantes, como Coque Malla, Amaral o Kiko Veneno. Los castillos de Soutomaior y Sobroso permiten acercarse al medievo gallego, aunque deberá completarse el panorama con las visitas a los monasterios de Carboeiro, Oia y Armenteira. Por su importancia histórica, es recomendable pasar por el Museo Meirande, centrado en la batalla de Rande.

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