Es un verano raro, raro, raro. O quizás no

Vivimos en una comarca apasionante, en la que pasa de todo


Vilagarcía / La Voz

No hay manea de aburrirse. Cualquier día de estos arrancará la campaña electoral para las Autonómicas y no nos enteraremos porque le estaremos prestando atención a cualquiera de las otras cosas que pasan por aquí. Vivimos en una comarca tan apasionante que igual revienta un depósito de agua, provoca una riada y no mata a nadie de puro milagro (quizás el confinamiento echó una mano ahí, porque había menos gente en San Vicente que un día de junio de cualquier otro año), como pasamos de la bandera azul al agua marrón y viceversa en un pestañeo de análisis. Es una de las cosas que siempre nos preguntamos en la Redacción: ¿pasan tantas cosas por aquí porque esta es una tierra especial o pasan también en otros puntos del país y nadie se entera? Es más probable que la respuesta sea la segunda pregunta. Vítor Mejuto, actual jefe de fotografía en La Voz, sostenía hace ya muchos años que a la gente de por aquí le gusta salir en los periódicos. Y, convendría añadir, que le gusta salir porque le gusta leerlo. Ahora comienzan a volver los periódicos a los bares, comienzan a volver los bares en realidad, y los cafés ya no saben igual. A los cafés les faltaba ese punto que le da leer las noticias locales para comenzar el día de la mejor manera. Ahora saben mejor, ya están completos.

Vamos a confesar una cosa. Cuando todo esto del covid-19 comenzó había cierto temor a que en las redacciones locales nos quedáramos sin suministro de material para poder hacer un periódico con las habituales condiciones de calidad e interés. Nunca sucedió, a pesar de tener que trabajar desde casa. Pasó de todo sin que, afortunadamente, se instalara por aquí el caos de otros lados. Rectifico y regreso al párrafo anterior. Pasó lo que en otros lados, seguramente, pero con ese regusto tan especial que tiene la comarca.

Ahora, ya desconfinados, siguen pasando muchas cosas. Cambiamos de alcalde en Catoira tras una moción de censura que no llegó a ser, pero como si fuera, cambiamos el modelo de los festivales porque no nos resignamos a perderlos, prohibimos las hogueras de San Xoán pero organizamos un desfile con zancudos y malabares, y hasta hay ganas de montar protestas contra las peatonalizaciones. Parece increíble que también tengamos tiempo para disfrutar de las puestas de sol, aunque no para escribir sobre ellas.

DIARIO DE UN NUEVO NORMAL

Antonio Garrido

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