El PSOE llama a capítulo a Alberto García y al grupo municipal mientras los golpes bajos regresan a Catoira

La dirección del partido los convocará para tratar de resolver el complicado rompecabezas formulado en su seno tras el naufragio de la moción de censura.


catoira / la voz

Las cosas se mueven en el PSOE de Catoira. Falta por saber adónde conducirán. De momento, lo que ha trascendido es que la dirección del partido convocará a los cinco integrantes del grupo municipal socialista, con Alberto García a la cabeza, para tratar de resolver el complicado rompecabezas formulado en su seno tras el naufragio de la moción de censura. La posición mayoritaria apunta a la idea de que García dé un paso a un lado para facilitar un relevo que permita, a su vez, un acuerdo de gobierno estable con el BNG, tal y como manifestaron tres de los ediles del PSdeG y la propia formación nacionalista. Sin embargo, el veterano político catoirense, que gestionó el bastón de mando durante treinta años, apuesta por presentar de nuevo sus credenciales como candidato más votado en el pleno en el que se investirá un nuevo alcalde, tras la dimisión de Xoán Castaño.

Este es el punto de partida para una reunión que no debería demorarse. «Somos conscientes de que a súa situación non é doada, pero o que lle pedimos ao PSOE é que resolva os seus problemas internos para acadar ese goberno forte», indica el exregidor nacionalista, quien pone sobre la mesa ejemplos que precisan la adopción de decisiones desde la cúpula municipal: «Aínda sen coñeder as circunstancias baixo as que se terá que desenvolver a Romaría Vikinga -el principal escaparate del municipio- o que está claro é que será una festa distinta, e nós temos propostas alternativas, pero necesitamos dese goberno estable para podelas levar adiante».

Por si el panorama no fuese de por sí complejo, en Catoira ha resucitado una práctica que el BNG sufrió en sus carnes a raíz de que el Partido Popular votase por el aspirante nacionalista en junio: la difusión de encuentros teóricamente secretos con Iván Caamaño. Si hace un año era Castaño quien se veía obligado a lidiar con este tipo de cosas, ahora es el socialista Daniel Touriño quien las padece. La reunión con Caamaño existió, pero por lo visto nada tuvo que ver con la búsqueda de virtuales apoyos, sino con una cuestión de índole personal y ciertas actitudes escasamente elegantes. Poco importa. Lo cantaron Golpes Bajos en su día: malos tiempos para la lírica.

El PSdeG padece ahora lo que el BNG sufrió hace un año: la difusión de reuniones con el PP

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