Julio Anguita en el colegio León XIII

En 1996, se sentaron juntos en el Congreso dos comunistas vilagarcianos: Anguita y Meyer


redacción / la voz

Un frío sábado de mediados de enero de 1993, Julio Anguita dio un mitin en Vilagarcía. Lo acompañaban en el cartel Xosé María Mourelos, líder comunista en O Grove, y Anxo Guerreiro, líder del PCE en Galicia. Aquellas Navidades, seis pintores vilagarciana habían editado unas postales navideñas con preciosos abetos dibujados por Chaves, Xurxo Alonso, Roberto Camba, Uxío López, Pedrosa y Charlín.

Recuerdo haber entrado en la librería de Pampín a comprar las postales y, al reparar en el cartel del mitin, haber comentado con Pampín la infancia del líder de Izquierda Unida. Como saben, el recientemente fallecido Julio Anguita pasó parte de su niñez en Vilagarcía y la pasada semana, un artículo publicado en la prensa cordobesa recordaba que el íntegro califa comunista aprendió aquí a leer y escribir. ¿Pero qué hacía el niño Anguita en Vilagarcía de Arousa? Sobre ese tema debatimos Pampín y un servidor aquel sábado del invierno de hace 27 años.

Pampín siempre sostuvo que Julio Anguita vivió en Vilagarcía de pequeño porque era hijo de un carabinero o de un guardia civil trasladado a la ciudad, pero mis noticias eran que, en realidad, su padre había sido oficial de la Marina. Las últimas noticias aseguran que Anguita solo estuvo aquí con sus abuelos temporalmente. Aunque lo importante es que algo de la ciudad quedó en él porque siempre que pasaba por Galicia, sacaba tiempo para pronunciar en Vilagarcía uno de sus pedagógicos mítines didácticos, ya fuera en los bajos sindicales de la calle Castelao, ya fuera en la Casa de Cultura, después Salón García, como hizo a las seis de la tarde de aquel sábado de enero del 93.

Anguita, según sus biógrafos, estudió en el colegio León XIII como casi todos los vilagarcianos que hoy frisan los 80 años. Sin embargo, en las cenas que celebraba la asociación de antiguos alumnos en los años 90, los comensales se preguntaban unos a otros que quién recordaba al líder comunista siendo un niño y ninguno sabía dar razón.

Pampín me contaba que ni Saavedra, presidente de la asociación de antiguos alumnos, ni Sánchez Agustino ni otros ex alumnos lo recordaban. Tampoco lo situaban los hijos de los guardias civiles que había en Vilagarcía por aquella época, así que para refrescar la memoria, decidieron invitar a don Julio a una de las cenas de los viejos camaradas del León XIII. Pero bien sabido es que a Anguita no le gustaban nada los agasajos, así es que se excusó amablemente.

Tres años después de aquella visita, en 1996, Anguita conseguía para IU un gran resultado: 21 diputados. Esa legislatura, se sentaron juntos en el congreso dos diputados comunistas con pasado vilagarciano: Julio Anguita y Wily Meyer (Madrid, 1952), que fue elegido por Cádiz tras haber pasado en Vilagarcía los años de la transición, donde impulsó el PCE y lo convirtió en un partido con peso político. Ese impulso empezó a hacerse visible en 1975, cuando el PCE decidió salir a la calle en Vilagarcía y celebró su primera reunión pública en el café Carballiñés. Aquello fue un gran escándalo, las fuerzas vivas locales se subieron por las paredes y el gobernador civil tomó una decisión en consonancia con tamaña tropelía: cerró temporalmente el Carballiñés.

Estas y otras anécdotas me las contaron ilustres comunistas vilagarcianos en una cena homenaje que se celebró en honor del padre de Wily, don Enrique Meyer, en el Balneario de la Concha durante las fiestas de San Roque de 1995. Por allí andaban Tino Bandín, Fernando Berride, Xosé Casás, Loli Miramontes, Rosalía Brea o el recordado Pavi Comendador a quien llamaban el optimista de Izquierda Unida.

En casa de Enrique Meyer se reunía el PCE vilagarciano en la clandestinidad. Años más tarde, tendrían su castiza sede encima del inolvidable bar Pernil. Don Enrique se trasladó con los años a vivir a Cuntis, donde lo visité una tarde y me contó la historia de los Meyer. Wily se llamaba así por su abuelo, que fue uno de los alemanes que se bajaron de un trasatlántico en Vilagarcía al empezar la I Guerra Mundial y declararse el barco neutral. Aquí se quedaron y son la causa de que en la guía telefónica local haya apellidos tan extraños como Rietz, Sopkowski, Gründel o el mismo Meyer.

El viejo Wily Meyer era un ingeniero natural de la ciudad prusiana de Lubeck. Se casó en Vilagarcía con una hija de Lucindo García y tuvieron un hijo, Enrique, que llegó a ser inspector de Vivienda y bautizó con nombres como plaza de Lobeira o calle de Vilagarcía numerosas arterias urbanas de ciudades españolas. Antes, se había afiliado muy joven al PCE en Madrid, llegó a ser capitán y, acabada la guerra, se pudo presentar a las oposiciones gracias a que Jacobo Rey Daviña le expidió un certificado de adhesión al movimiento. Al jubilarse, regresó a Vilagarcía.

Julio Anguita se fue de Vilagarcía cuando sus padres se lo pudieron llevar con ellos. Wily Meyer se marchó a Cádiz, de donde es Julia, su mujer, nacida en la localidad de Sanlúcar de Barrameda, aunque la razón última de su partida fue que la humedad gallega le provocaba asma y alergia. Sea como fuere, estos dos ilustres comunistas son parte del pasado de una ciudad con una rica historia política.

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