El juzgado deja libre al hombre que se atrincheró 36 horas en su casa de Cea

Impone sendas órdenes de alejamiento para que Víctor Paulos no se acerque ni a su hijo ni a sus padres


vilagarcía / la voz

A las nueve y media de la mañana de este martes, aproximadamente 36 horas después de haberse parapetado con un arma en su vivienda, Víctor Paulos salía de su casa-fortín de Outeiro de Cea rodeado de policías, se subía en el asiento de atrás del coche de su abogado y, con una mascarilla protegiéndolo, viajó hasta la Comisaría de la Policía Nacional, donde había pactado entregarse. Su rostro apenas pudo verse unos instantes a través de los cristales del vehículo: en cuanto este se acercó al edificio judicial de A Mariña, Paulos se ocultó de todas las miradas.

Así que fue en la puerta de su casa donde se cerró uno de los capítulos de esta rocambolesca historia, y en el garaje de la Comisaría donde se abrió el siguiente. Paulos declaró en las mismas dependencias a las que, poco después que él, llegaban varios agentes portando la escopeta que durante 36 horas había esgrimido como argumento para mantener alejada a la policía. Por videoconferencia prestó testimonio ante el titular del juzgado número 2 de la capital arousana, quien, tras escuchar su declaración, decidió dejarlo en libertad provisional. Eso sí: está investigado por delitos de malos tratos en el ámbito familiar, infligidos tanto a su hijo como a su padre; amenazas proferidas contra su progenitor y resistencia a agentes de la autoridad.

Además, el juzgado ha adoptado una serie de medidas cautelares. En virtud de las mismas, se ha suspendido el régimen de visitas respecto a su hijo. No podrá ponerse en contacto con él, ni acercarse a menos de cincuenta metros. Esa orden de alejamiento está en vigor, también, para los padres de este hombre de 44 años, que viven en la planta baja de la misma vivienda que él ocupaba hasta ahora.

Hasta el domingo por la tarde. Aquel día, Víctor Paulos estaba con su hijo, pero las cosas no iban bien, todo lo contrario. El niño buscó refugio en casa de sus abuelos y estos llamaron a la madre para que fuese a recogerlo. Allí apareció, también, el hombre que acabaría atrincherado en el piso superior de la vivienda, que se habría enzarzado tanto con su expareja como con sus padres. La llegada de la policía desencadenó el episodio de encierro y armas que mantuvo en vilo a todo el lugar durante 36 horas. El lunes por la noche, cuando ya se había cumplido un día, la policía parecía preparada para actuar, pero finalmente no fue preciso.

El abogado que asiste a Paulos considera desproporcionado el despliegue policial

El lunes por la mañana, el abogado Ramón Montenegro se trasladó al lugar de Outeiro de Cea para intentar convencer a Víctor Paulos para que dejase la escopeta y se entregase a la policía. El hombre que lo escuchaba desde el interior de la vivienda lo conocía bien, ya que lo había representado en ocasiones anteriores, y aunque aceptó explicarle lo que había ocurrido, finalmente se negó a acompañar a su letrado a Comisaría. Aquella misma noche reconsideró su postura. La situación había cambiado, sus padres habían aceptado alejarse de la casa, y los agentes parecían dispuestos a entrar por las malas. Así que Paulos decidió salir por las buenas y pidió hacerlo acompañado por su abogado.

Montenegro, que asistió a su cliente tanto en la Comisaría como en su declaración ante el juez, considera que en este caso el despliegue policial ha sido «completamente desproporcionado». Reconoce que el domingo, cuando la policía llamó a la puerta de Víctor tras haber sido denunciado por su expareja, los ánimos de su cliente ya estaban exaltados. Que pretendiesen detenerlo lo excitó aún más, pero lo que acabó de trastornarlo fue, asegura el abogado, «que le rociasen la cara con gas pimienta y, a partir de ahí, todo el despliegue que se fue generando a su alrededor». Ramón Montenegro señaló que contra su cliente no existe más denuncia que la presentada por su expareja, «con la que no convive desde hace más de diez años», pero con la que sigue manteniendo el contacto puesto que tienen un hijo en común. El lunes por la tarde, algunas vecinas de Outeiro de Cea se felicitaban al saber que el niño no estaba con su padre, dentro de la casa: su madre se lo había llevado antes de que los acontecimientos acabasen de dispararse.

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