Pontevedra ya vivió otra pandemia

La gripe aviar, que surgió en Asia y llegó a Europa hace justamente quince años, hizo que cientos de pontevedreses dejasen de comer pollo y otras aves por miedo a contagiarse


Pontevedra / la voz

Ahora que todo el mundo habla del COVID-19, conviene recordar que hace quince años eran otras siglas extrañas las que causaban temor: H5N1. Popularmente, la gripe aviar.

Aquella pandemia, como la actual, de detectó por primera vez en Asia, concretamente en Corea del Sur, y aunque afectaba a las aves, existía riesgo transmisión a los humanos, lo que provocó una gran psicosis. En marzo de 2005 se detectaron casos en ciudadanos coreanos.

La enfermedad llegó a Europa a principios del año siguiente (el primer caso fueron un loro en Inglaterra y unos cisnes en Croacia), y se expandió en el primer trimestre del 2006 por Italia, Grecia, Austria, Alemania, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia y Francia. Aunque hasta julio del 2006 no se confirmó el primer caso en España, desde marzo se multiplicó la psicosis que afectó especialmente al consumo de carne de ave, especialmente de pollo.

La provincia de Pontevedra no fue ajena a aquella situación, y pese a los llamamientos de las autoridades a la calma, el consumo descendió notablemente.

La provincia de Pontevedra contaba entonces con unas 400 granjas, según datos de la ahora extinta Cámara Agraria Provincial. Aquel organismo, que por entonces presidía Román Santalla, que reclamaba en La Voz que se hiciera un inventario de las granjas existentes en la provincia: «En Pontevedra hai catrocentas granxas e hai que ir pensando xa quen son eses granxeiros, con nomes e apelidos, a súa situación económica, etcétera. Moitos deles están metidos en grandes inversións para adaptar as súas instalacións aos novos tempos e é necesario detectar onde están os problemas e garantir as axudas fronte a unha posible caída do consumo. O que si está claro é que esta crise pode ser unha cuestión externa que nada ten que ver co sistema de produción e obviamente haberá que pagar as posibles perdas que haxa».

Lo cierto es que pese a los llamamientos de las autoridades a la calma y a que los productos que llegaban a los supermercados están plenamente garantizados, el consumo bajó. «Cientos de pontevedreses dejan de comer pollo por la gripe aviar», titulaba una información de La Voz a principios de marzo del 2006.

«Los consumidores tiene miedo a la gripe aviar, y a pesar de que no existe ningún caso en el mundo de contagio a través de la ingestión de ave cocinada hay un hecho cierto y es que en la provincia de Pontevedra el consumo del pollo ha caído un 3 % solo en la última semana de febrero, coincidiendo con la aparición de las primeras aves muertas a causa del virus en los países fronterizos con España».

Aunque era un descenso significativo para los productores, era algo menor que en el conjunto de Galicia, donde cayó un 4 % menos; y estaba por debajo de la media española, (un 8%).

Y eso tenía un efecto directo para los propietarios de granjas, ya que si bien el precio del pollo en el mercado apenas sufrió variación, lo que percibían los productores llegó a caer un 33 % en apenas unas semanas. El sindicato Unións Agrarias cifraba en unos tres mil euros diarios las pérdidas que acarreó aquella situación de alerta sanitaria para las granjas productoras de aves en la provincia.

Y hay que destacar que sin llegar a ser una situación preocupante para la salud pública, sí había mucha preocupación sobre la posibilidad de que se registrasen casos entre la colonia de aves que anidan en Pontevedra. Por ejemplo, otro titular de La Voz de aquellos días de marzo del 2006 señalaba que «Agentes de la Xunta recorren a diario el humedal [Umia-O Grove] para prevenir la gripe aviar». La aparición de aves muertas en las playas de las Rías Baixas habían desatado las alarmas, pero no llegó a confirmarse ningún caso de gripe aviar.

En medio de la crisis, visitó la provincia el científico Juan José Badiola, un experto internacional que había adquirido relevancia mediática por sus aportaciones unos años antes durante la crisis de la enfermedad de las vacas locas. En una conferencia en la Diputación, este veterinario, catedrático de la Universidad de Zaragoza, serenó mucho los ánimos de cara a un hipotético contagio de la gripe aviar a los humanos. «Los expertos de la Organización Mundial de la Salud -afirmó en su intervención- dicen que la pandemia es inevitable. Yo me resisto a creer que lo sea. La forma de evitarla es ayudar a los países del Tercer Mundo a que luchen eficazmente contra la enfermedad en los animales».

Finalmente, aquella crisis pasó sin excesivos problemas entre los humanos, al menos en occidente. En Asia sí hubo infectados, e incluso fallecimientos. Pero Badiola acertó y la pandemia no llegó a transmitirse de manera global.

Todo lo contrario de lo que ocurre ahora con el COVID-19, que está en pleno desarrollo y sí es una pandemia global.

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