Vecinos de Alexandre Bóveda se plantan ante Cacabelos para exigir soluciones

El gobierno local de O Grove reconoce, por primera vez, que es el culpable del desaguisado de las obras


o grove / la voz

En la mañana de ayer, al menos una veintena de vecinos de la calle Alexandre Bóveda se plantaron en las dependencias del Ayuntamiento de O Grove para

trasladarle su indignación al alcalde, «dado el estado tercermundista», aseguran, en el que se encuentra la zona después de cinco meses. Comerciantes y vecinos han explotado y han decidido exigirle una solución a José Cacabelos, que reconoce, por primera vez, «que el único culpable de que la calle esté así es el

Concello, y dice ser consciente de que «se han hecho las cosas mal». El regidor se defendió diciendo que ya han buscado una solución provisional para que la carretera deje de ser un campo de minas. Por este motivo las máquinas volvían ayer mismo, adelantándose a la protesta de los vecinos, a trabajar en la ya famosa

obra de la localidad meca para tapar los socavones y echar un suelo asfáltico provisional, que al menos haga transitable la carretera para los vehículos y el ambiente un poco más limpio para los viandantes.

Cacabelos aseguró que es lo único que se puede hacer en este momento, ya que en la obra final el carril será de hormigón, al igual que el primer tramo, ya finalizado, de la calle. El regidor no tuvo escapatoria y explicó que el proyecto estaba mal desde el principio, y que probablemente no se tenía que haber comenzado hasta que estuviese correcto. «Hubiese sido lo más inteligente», admitió.

Los vecinos allí presentes aludieron a problemas de todo tipo en estos últimos meses, sobre todo a problemas respiratorios, dado la polvareda que les entra por las ventanas de sus casas y negocios. «Nos dificulta el día a día», explican.

Una de las vecinas, Manola Solís, afirma que tiene problemas de garganta por haber tragado tanto polvo. Pero no se queda ahí la cosa. Solís relataba ante una repleta sala de juntas que ese polvo de las obras «hizo que tuviera que llamar un día al cerrajero, porque la llave ya no entraba, y con el traqueteo de los coches se cayeron dos cuadros del salón», lamentó, muy enfadada. Y este es el sentir común de la mayor parte de los vecinos, también de los que son propietarios de negocios, que para recibir la mercancía tienen que hacer verdaderas proezas.

Dado que en ningún momento se presentó allí a revisar las obras autoridad alguna del Concello, en palabras de los vecinos, estos han tratado de informarse de lo que sucedía conversando con los propios obreros, algo que recriminan al gobierno local: «No es de recibo, porque pagamos impuestos y nos merecemos una calle en condiciones».

A la improvisada reunión acudían también algunas madres cuyos hijos acuden al colegio Rosalía de Castro, que explicaban al alcalde, que algunos ya se han tropezado en los socavones, «e incluso también alguna persona mayor», calificando la situación de insostenible.

Así las cosas, los propietarios llevan desde enero esperando para firmar el papel de la cesión, las obras paralizadas por un proyecto erróneo desde su comienzo y la empresa que realiza las obras a la espera de que todo esté en orden para poder finalizarlas .

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