El limpiador de la plaza de abastos que canta rancheras a las peixeiras y los turistas

A Benito Oubiña tan pronto se le puede ver dándole a la escoba como micro en mano, a viva voz

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Benito Oubiña canta una ranchera a las pescantinas de la plaza de abastos de Cambados El limpiador es un aficcionado a la música y gusta de amenizar la jornada a sus compañeras

cambados / la voz

José Benito Oubiña Piñeiro ha convertido la plaza de abastos de Cambados, su lugar de trabajo, en un escenario. Cuando le apetece o alguien se lo pide, abre la maleta, instala el amplificador y el micrófono y se pone a cantar una de Julio Iglesias o de Camilo Sesto «Beni saca o aparato», le dicen. Y después del chiste fácil, Benito monta la logística y la música y su voz empiezan a sonar. En calidad de trabajador del servicio de limpieza del Concello es desde hace años el encargado de pasar la escoba y la manguera al final de la mañana, cuando se recogen los puestos. En calidad de cantante aficionado se ha convertido en el artista de cabecera del mercado cambadés.

No solo a la hora de regalarle un cumpleaños feliz a la peixeira de turno o para cumplirle el capricho a su amigo carnicero. Su fama trasciende a la familia de la plaza y hasta los turistas le reclaman una canción para grabarlo con el móvil.

Como Benito no tiene necesidad de fichar, cuando el cuerpo se lo pide y la ocasión es propicia hace un alto en el camino y se pone de serenata. «Unha vez un señor maior que sabía de música chamoume ‘é moreno’ e díxome que o que facía eu non o facían xa nin nas orquestras». Acababa de cantar quince piezas seguidas, a pelo. «Eu de playback nada, todo coa garganta. A xente cre que é fácil porque ás veces leo o papel, pero non o é».

A este cambadés de 57 años le hubiera gustado haber estudiado música, pero sus circunstancias personales no se lo permitieron, de modo que tira de oído y mucho entusiasmo. De pequeño escuchaba tocar a su padre, que era gaiteiro en Airiños das Rías Baixas, y pasaba las horas viendo los ensayos de las orquestas en los prolegómenos de las verbenas del pueblo, y así fue regando su afición. «A música o é todo para min, é a miña ilusión», una ilusión que contagia alegría allá a donde va.

En los bares y en las fiestas

Benito tan pronto canta entre jurelos y nécoras como se planta en el bar del pósito, en las terrazas de Fefiñáns o acude a la pulpada de San Simón en Baión (Vilanova). «Veñen a chamarme para que vaia ás festas e eu vou encantado». Su recompensa es ver a la gente feliz y, de paso, ganarse el cariño del personal. «Mira como é a cousa que no Albariño unha rapaciña colleume e doume un morreo», relata.

Allá adonde va con sus canciones triunfa, afirma. Las placeras hacen corrillos, los bares se llenan, la gente se lanza a bailar y a cantar, el público agradecido le invita a barra libre - «eu non bebo», aclara- y no falta quien le pone un billete en la mano. «Pero eu non fago isto por lucro, fágoo porque me gusta».

La cosa viene de atrás, aunque el punto de inflexión en su periplo musical lo marcó, hace cosa de seis años, la comunión de la nieta de su pareja. Benito grabó un disco con en el fin de recaudar fondos para pagar el vestido, el banquete y demás gastos de la fiesta y, además de ganar tres mil euros, aquel trabajo de factura doméstica le permitió darse a conocer. «O disco vendeuse por todo pobo e chegou a Alemaña, a Venezuela..., a todas partes».

De su Cambados natal, Benito dio el salto a los platós de Bamboleo y del popular Land Rober de la TVG, y un buen día hasta se atrevió a plantarse en el medio de la plaza mayor de Madrid. «Púxenme a cantar La vida sigue igual de Julio Iglesias en homenaxe aos meniños enfermos de cancro e con síndrome de Down e á xente encantoulle». Su próximo objetivo es conquistar las redes sociales, «pero para iso necesito un micrófono sen cables». Todo se andará.

Su agenda está al completo con la sesiones de lunes a sábado en la plaza de abastos y la ruta por bares, juergas, fiestas y demás, pero siempre deja un hueco para visitar a los ancianos del asilo y alegrarles la tarde con una ranchera o una de Manolo Escobar.

El repertorio de Benito Oubiña bebe de los clásicos de la música melódica en español. El mítico Perdóname de Camilo Sesto le ha granjeado muchos éxitos, pero no se conforma con quedarse en la zona de confort y sigue explorando. Su próximo reto es Resistiré del Dúo dinámico.

Lo que no se plantea nuestro protagonista es formar equipo. «Chamáronme algunha vez para cantar, sobre todo en coros, pero a min esa música non me gusta». Benito se siente más cómodo con Nino Bravo y Luis Miguel, improvisando a su aire, recorriendo las terrazas del pueblo o cogiendo la moto y plantándose en la playa de As Pipas de O Grove con su «maleta de sonido» a cuestas.

Subastador y costalero

Su faceta de cantante y de limpiador en la plaza lo convierten en un rostro muy popular en Cambados, pero no solo por eso. A Oubiña se le puede encontrar recogiendo tapones solidarios en favor de niños con enfermedades raras, de costalero en Semana Santa o como subastador en San Benito. «Unha vez veu un de Francia preguntando por ‘el hombre de la gallina’». Y ese hombre, el que subasta las ofrendas que dejan los devotos el día de la fiesta, no podía ser otro que él.

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