Fátima Diz: «Si sabes que en caso de peligro te puedes defender, te liberas del miedo»

A ella, las artes marciales le ayudaron a reconstruirse; ahora, Fátima Diz comparte experiencia con sus alumnas de brasilian ju-jitsu

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Fátima nos enseña defensa personal Fátima nos enseña defensa personal

vilagarcía / la voz

Fátima Diz es una guerrera. No elegimos la palabra al azar: es el término que ella misma utiliza para referirse a las mujeres que quieren ser fuertes y ponen todo de su parte para lograr ese objetivo. Diz Barcala es, también, una de las responsables del gimnasio Dojo Bersekers Nucleo de Lutas, donde mañana por la tarde se impartirá un taller de artes marciales enfocado a la autodefensa de las mujeres. «No se trata de alarmar. Se trata, simplemente, de que las mujeres tengan una serie de herramientas que les permitan afrontar la vida con otra actitud». Andar por la calle sin miedo.

-Es el segundo año que se embarca en esta actividad. ¿Qué le llevó a hacerlo?

-Hace años, yo tuve una pareja muy agresiva. Tuve que salir de aquello y lo hice, pero quedé bastante dañada, así que busqué ayuda psicológica. No me daba resultado. Y llegó un momento en el que me dije, ¿qué hago? No podía hundirme, tenía una hija. Y en ese punto se cruzó en mi vida el brasilian jiu-jitsu, una disciplina de artes marciales que empecé a practicar. Sus efectos sobre mí fueron brutales. Al saber que te puedes defender, empiezas a controlar ese miedo que no te deja reaccionar. Me empecé a sentir mejor, empecé a competir, a ganar y eso me dio aún más confianza en mí misma. Muchas amigas y compañeras llevaban tiempo proponiéndome hacer algo así y, viendo como está el mundo, y cómo las mujeres seguimos llevándonos la peor parte, en el gimnasio decidimos probar. Fue todo un éxito.

-Tanto, que se convirtió en un curso...

-Sí. Organizamos un taller de dos horas al que vinieron alrededor de una veintena de mujeres de todas las edades, hasta niñas de doce y trece años. Les gustó tanto que decidimos darle continuación durante el año, con sesiones los sábados por la tarde. Luego paramos para tomarnos un descanso y ahora lo retomamos. De nuevo, partimos de un taller de dos horas, pero nuestra intención es, si hay interés, volver a convertirlo en un curso. Creo que va a ser así, porque ya han llamado bastantes personas para interesarse por las clases.

-¿Había algún perfil específico en la clase?

-Nunca indagué sobre las experiencias personales de la gente que participaba en las clases. Sí les conté la mía, porque nunca me avergonzó haber pasado por lo que pasé, porque fui capaz de buscar una salida y salir adelante. En cualquier caso, la mayoría de las asistentes al curso eran mujeres adultas, de más de treinta años, y que en la mayor parte de los casos no solían practicar deporte.

-¿Se puede aprender autodefensa sin tener una mínima preparación física?

-Te llevarías una sorpresa. Aprendían rápido. Habrá quien piense, tengo cuarenta años, no hago nada de ejercicio... No voy a ser capaz. Pues no es cierto; lo más importante es dar el primer paso, y una vez que lo das ya las cosas van solas. En mis clases les ofrecí, primero, unas técnicas defensivas muy básicas, las repetimos mucho. Luego, con el tiempo, fuimos complicando algunas cosas, haciéndolas un poco más difíciles. Pero son técnicas para defenderse desde el suelo, en las que se trabaja con las piernas, que suele ser donde más fuerza tenemos las mujeres, y que permite repeler al agresor y ganar tiempo para pedir ayuda o escapar. Este año va a haber una novedad, y es que va a participar en el curso, también, una compañera que practica boxeo tailandés, que enseñará algunas técnicas de golpeo.

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