Camino de alto riesgo al cole de Meis

El Concello prevé solucionar el problema en 2020 y, entre tanto, busca voluntarios para regular el tráfico


Meis / la voz

El acceso al colegio de Mosteiro (Meis) carece de aceras y de ningún otro elemento de protección para los peatones, tipo bolardos, lo cual obliga a niños y mayores a convivir con el intenso tráfico que hay a las horas de entrada y salida de clase (9.15 y 14.15 horas). La situación se agrava porque, pese a que está prohibido aparcar en este tramo, hay quien para el coche durante unos segundos para permitir que los niños bajen y suban al vehículo y no falta quien lo deja estacionado de forma permanente.

Hay que tener en cuenta, además, que hasta la puerta del colegio llegan los autobuses del transporte escolar -que en este caso son muchos porque en este centro están escolarizados niños de todo el término municipal-, lo cual provoca unos embotellamientos considerables. El paso de peatones situado en las inmediaciones de la carretera general (PO-300) no siempre se respeta y si por encima llueve, como ocurrió ayer, el caos es total.

El problema no es nuevo ni mucho menos. De la necesidad de buscar una solución se ha hablado en múltiples ocasiones en el consello y el claustro escolar y, de forma particular, entre los padres, pero la solución no acaba de llegar.

La alcaldesa Marta Giráldez se lamentaba ayer de que se le pida a su gobierno que solvente en cinco meses «o que non se fixo durante trinta anos», pero, en todo caso, dice comprender y compartir la preocupación de los padres y anuncia que su equipo está trabajando ya para solventar el problema de seguridad vial que se plantea en este punto.

Sus planes pasan por ejecutar una obra de humanización de la calle con cargo al Plan Concellos de la Diputación de Pontevedra del año 2020. Esta actuación pasaría por ampliar el ancho de la calle que lleva el nombre del que fuera alcalde y profesor Jorge Casal, para lo cual habría que retranquear varios muros y tirar una casa que está deshabitada. Según la alcaldesa ya se ha contactado con el 80 % por ciento de los propietarios afectados y todos han mostrado su buena disposición a ceder los terrenos. Pero las cuestiones relacionadas con las herencias complican los trámites, y todavía falta cerrar el acuerdo con algunos vecinos.

A la espera de que se redacte el proyecto definitivo, la idea que está sobre la mesa es ampliar la calle hasta los doce metros de ancho, dotándola de aceras y habilitando espacios para el aparcamiento de autobuses y de turismos. En definitiva, ordenar este espacio con el fin de ganar en seguridad vial y comodidad para la comunidad escolar.

Pero hay a quien esta solución le tarda demasiado y algunos padres piden que, mientras no llegan estas obras, se adopte alguna medida transitoria que podría pasar por la regulación del tráfico en la zona. En el Concello han recogido este guante y van a plantear a la AMPA la posibilidad de implantar un modelo que ya funciona en otros lugares, consistente en que los propios vecinos asuman el papel de agentes de tráfico y se encarguen de cruzar a los niños y vigilar que nadie aparque mal. Sería un trabajo voluntario, que pasaría por una formación básica en materia de seguridad vial, aunque esta iniciativa queda a expensas de la disponibilidad de los padres y abuelos.

Otra medida transitoria que plantea algún progenitor es colocar bolardos como los que existen en la parte superior de la calle, para evitar, al menos, que los coches invadan las cunetas; pero esta intervención parece que plantea problemas con Patrimonio y, en todo caso, no está en la agenda de Marta Giráldez.

La alcaldesa apuesta por un proyecto de urbanización más ambicioso y, paralelamente, está estudiando la posibilidad de abrir un nuevo vial en la zona aprovechando el proceso de concentración parcelaria, que serviría para aliviar el tráfico en este punto.

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