El reló quiere volver a marcar sus mejores horas

No brilla tanto como almeja y berberecho, pero este molusco es un imprescindible para el marisqueo arousano


a illa / la voz

Hace mucho tiempo que los gallegos descubrimos que nuestras rías están llenas de joyas. De productos preciosos, capaces de llamar la atención de los mejores cocineros, de los más exquisitos gastrónomos. No es casualidad que en las Rías Baixas las mujeres salgan a rebuscar entre la arena a las especies que allí habitan. Y que, desde las embarcaciones, se manejen los raños con auténtico arte para capturar una creciente cantidad de mariscos. Porque, aunque la fama se la llevan dos tipos de almeja -la fina y la babosa- y el berberecho, en el catálogo del marisqueo gallego hay un sinfín de especies menos conocidas, teóricamente más humildes, pero que contribuyen a apuntalar la economía del sector. Unas especies que cada vez más cocineros, entre ellos las estrellas de la cocina gallega, están dispuestas a reivindicar. Porque, aunque se ha dicho poco, también estos productos saben a gloria.

El reló es una de esas especies a las que la fama le ha dado históricamente la espalda. Similar a una almeja, tiene fama de tener la carne más dura y un sabor menos delicado que el de estas. «É un sabor máis intenso, máis a mar», explica el patrón mayor de la cofradía de A Illa, Juan Rial Millán. Él, que lleva toda la vida en el mar, recuerda haber pescado reló desde siempre. Y haberlo comido, también.

El reló se dirigía, inicialmente, al mercado para fresco. Luego, con la llegada de la industria de los productos procesados, vivió una etapa de expansión. Sin hacer ruido, el molusco humilde pasó de ser una especie acompañante a generar el 20 % de los ingresos de los mariscadores arousanos. Y así estaban las cosas cuando, en 2006, un estudio detectó inusitadas concentraciones de plomo en el reló gallego. Y este se quedó parado. Durante nueve años, la extracción de este marisco se interrumpió, entre quejas y lamentos de un sector que no supo reaccionar a la primera. En 2014 las cosas cambiaron. Las cofradías decidieron dar la batalla por un producto importante para la flota en unos años en los que el resto de especies fallaban. Los pósitos encargaron a la Universidade de Vigo un estudio para intentar responder a dos preguntas. Por un lado, si la acumulación de plomo variaba en función del tamaño y la edad de cada ejemplar. Por el otro, si ese plomo significaba un peligro real para el consumo humano.

La primera de las preguntas se respondió pronto: En ejemplares de hasta 40 milímetros los niveles de plomo estaban por debajo de los límites marcados por la UE. Tras negociar con la Xunta, se consiguió que esta autorizase volver a pescar reló, aunque de unas tallas y en unas zonas determinadas. Quedaba sobre la mesa la otra cuestión. ¿El plomo del reló se acumula en los otros seres vivos? Para verlo, se hicieron primero unos estudios con camarón que despertaron el optimismo del sector. Así que, con esos datos preliminares, pidieron a la Xunta que hiciese un segundo estudio sobre la acumulación del plomo en mamíferos y en simuladores del aparato digestivo humano. Según esos trabajos, desarrollados en paralelo por el Intecmar, la Universidade da Coruña, la de Santiago y la de Vigo, se concluyó que se pueden incrementar los límites de plomo autorizados en el reló sin poner en riesgo, ni remotamente, la salud humana .

El patrón mayor de A Illa, en representación de todas las cofradías de la provincia, acudió la pasada semana a Francia, al consejo consultivo de aguas del Atlántico Suroeste para exponer las conclusiones de estos informes e instar a que, desde la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria se revisen las condiciones fijadas para la extracción del reló, permitiendo a la flota acceder a una mayor cantidad de eta especie.

De todas formas, al mercado ya está llegando este marisco humilde y de nombre desconcertante. El año pasado se subastaron en las lonjas gallegas 282.271 kilos de este bivalvo, por los que se facturaron 721.140 euros, gracias a un precio medio de 2,55 euros. Teniendo en cuenta que el esta especie llegó a generar un movimiento en las lonjas de 2,5 euros anuales, está claro que aún queda mucha cuerda por dar para que el reló vuelva a estar en su mejor hora.

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