El viejo maestro que regresa a la mesa de operaciones por la causa

Con 53 años, tres lustros después de su retirada, Ñajo Padín volvió a vestir de corto para parchear al Cambados T.M ante el accidente de un jugador


Cerrada su primera temporada en la Superdivisión con un descenso exprés, el Cambados Tenis de Mesa apostó en su campaña de regreso a la División de Honor por limitar su primera plantilla a los tres jugadores mínimos e indispensables para cada una de las convocatorias ligueras. Una decisión que permite reducir costes, pero que entraña sus riesgos. Como que uno de tus tres hombres sufra un accidente doméstico que lo obligue a pasar por quirófano y perderse alguno de sus compromisos oficiales. Y eso es justo lo que le ocurrió al conjunto arousano el pasado sábado, con Daniel Casalderrey baja para recibir, en el pabellón del colegio San Tomé, al Panadería Santy-Narón.

Con un equipo filial en Segunda Nacional y otros dos en Tercera, no carecía de jugadores el Cambados T.M. con los que parchear el trío encabezado por Lucas Bayona y Andrés Correa. Pero la normativa que impide disputar a aquellos más de dos encuentros en División de Honor sin perder el derecho a continuar jugando en su categoría menor movió al director técnico y presidente del club, Enrique Barreiro, a tirar de comodín. Y así fue como Ñajo Padín, que en verano decidía poner punto final a 30 años de actividad en el Cambados, como jugador y director técnico de su primer equipo, volvía a coger 15 años después una pala para competir en la élite. Una solución de emergencia que, apuntaba ayer, «ya había tenido que hacer una vez hace dos o tres años», sin recordar ni cuándo, ni contra quién, ni mucho menos el resultado.

«¡Bufff! Yo ya no estoy para jugar a esto», declaraba ayer Ñajo. Y a pesar de ello, podía presumir de que «aún así, metí en apuros a mis rivales», forzando el cuarto juego tanto ante Adrián Vidal, en el primer emparejamiento del partido, como con Rubén García, al que llegó a dominar 10-6 en ese cuarto juego. Quien tuvo, retuvo. Y aunque ya le advirtió a Barreiro «que no fuera muy a menudo, cuando lo dejé este verano ya dije que si el club me necesitaba para echar una mano, ahí estoy».

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