Soledad Patón: «Cando empecei non estaba ben visto; dicían que era traballo de homes»

Nunca tuvo reparos en hacerse con el timón, y alaban su pericia en el manejo de la vara


redacción / la voz

En la ría hay más mujeres que trabajan en el marisqueo a flote (raño), pero que embarquen solas y siendo madre e hija las convierte en un caso singular. Soledad y Magdalena son de A Illa de Arousa y desde hace algo más de un año forman tripulación. Veteranía y juventud se alían para arañar de la arena las preciadas almejas, porque berberecho ya casi no queda. Soledad recuerda los tiempos en que la copa del rastro salía a la superficie a rebosar de marisco. De esto hace catorce años. «Agora xa non hai», se lamenta aludiendo al trabajo en Os Lombos do Ulla. El lunes se inicia la temporada en el libre marisqueo y entonces habrá ocasión de comprobar si los efectos de la plaga de la marteilia sobre las poblaciones de berberecho empiezan a remitir.

Será la primera vez que Soledad no estará para el inicio de la campaña. Una lesión en el brazo la mantiene de baja, la primera que coge en su trayectoria como rañeira, a pesar de que este oficio castiga duramente los músculos y las articulaciones. Pero entre las sesiones de fisioterapia y los apaños caseros -ella misma se confeccionó un chaleco de neopreno que le ayuda a prevenir contracturas- ha ido capeando el temporal.

Quien sí embarcará será su hija Magdalena en compañía de Ramón, que, cuando el trabajo en la batea se lo permite, las acompaña en la faena. Es la estampa más habitual. Lo extraordinario es encontrar a mujeres solas en la lancha, porque la costumbre es que, las pocas que dan el paso, lo hagan para acompañar a sus maridos, hermanos o hijos. «Hai moitos que aínda cren que este é un traballo de homes», explican, pero ellas son un ejemplo evidente de que ellas solas también pueden. La pequeña del tándem todavía no se atreve con el timón. Aún no tiene la práctica ni la seguridad que requiere navegar por la ría, sorteando rocas, bateas y demás obstáculos. No se le olvida la mañana en que el motor se paró y la embarcación quedó a la deriva, rumbo a la escollera . «Pasei moito medo». Su madre también tiene muy presente aquella ola que casi la hace volcar en O carreiro do Con dos tres pés, el año pasado. «O mar pode ser moi perigoso, sobre todo os días nos que hai néboa».

Con todo, Soledad Patón nunca se vino abajo y desde el principio se puso al mando, vara en mano. «Hai moitos que levan ás mulleres para escoller o marisco, pero eu desde o primeiro día collín a vara e levei a lancha. E que se non cólleme o frío», explica. Habla de los tiempos en que trabajaba con su marido, hoy jubilado, y de cuando las rañeiras en A Illa se contaban con los dedos de una mano. Mujeres como Esther y Flor se encargaron antes que ella de abrir un camino que todavía tiene mucho trayecto que recorrer. Del medio millar de rañeiros que hay en esta cofradía, solo una quincena son mujeres. A estas alturas, su presencia en el mar empieza a normalizarse, pero el machismo no está totalmente desterrado. «Aínda hai algún cazurro que che di algo», apunta Magdalena. «Pero tamén hai moitos que din que como miña nai hai poucos homes que tiren da vara», añade.

¿Cuestión de fuerza o pericia?, preguntamos. «Fai falta todo», y Soledad nos ilustra sobre la técnica para enganchar el raño de la manera más eficaz. Curiosamente, a la hora de trabajar, una diestra como ella se las apaña mejor con el brazo izquierdo, y claro, el esfuerzo le acaba pasando factura.

Esta mujer aguerrida se aferró al raño huyendo de los horarios extenuantes de la hostelería -trabajaba en un restaurante- y después de haber trabajando en la seca (marisqueo en playa) y en el sector de la conserva.

Fue de las guerreras que hicieron huelga de hambre en la fábrica de Odosa y ahora da testimonio de ello en documentales como los que grabaron en el colegio sobre la historia de las conserveras en A Illa. También ha hablado en alguna ocasión para la televisión y ahora se presta a atender a La Voz a pesar de que, dice, no le gustan los protagonismos. Pero accede porque cree que es importante mostrar el lado femenino del oficio. «Cando empecei non estaba ben visto, dicían que era un traballo de homes. Gústame que a xente saiba que as mulleres tamén podemos».

Dicho queda.

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